Sonora pudo una vez con los trabajadores migrantes, ¿por qué no ahora?

Sonora pudo una vez con los trabajadores migrantes, ¿por qué no ahora?

Cuando se presenta un problema peliagudo, lo primero que debe hacerse es echarle un ojo a las páginas de la historia a ver si lo enfrentamos los sonorenses en otra ocasión, y si las experiencias pasadas son útiles

Murió Oscar Monroy, gladiador de la literatura sonorense
Quien vote por AMLO votará también por su gabinete
Malo que no lleguen los empleos adicionales de la Ford, pero no es el fin del mundo

Carlos MONCADA OCHOA

  Cuando se presenta un problema peliagudo, lo primero que debe hacerse es echarle un ojo a las páginas de la historia a ver si  lo enfrentamos los sonorenses en otra ocasión, y  si las experiencias pasadas son útiles.

  ¿Alguien recuerda las grandes concentraciones de aspirantes a ser contratados para irse a trabajar en los campos de Gringolandia?

   Entre 1950 y 1955 estuvieron llegando a Hermosillo centenares de sureños que se aglomeraban en los parques y plazas y presionaban para que se les dejara pasar a los Estados Unidos. El gobierno consiguió trenes para devolverlos a sus lugares de origen en el centro y sur del país, pero pocos accedían a irse y muchos seguían arribando.

  El gobernador Álvaro Obregón (1955-1961) propuso una fórmula a la Secretaría de Gobernación para aliviar el problema y se la aceptaron. Como el  cultivo del algodón estaba en auge y las pizcas necesitaban miles de brazos, se puso como condición para ser contratado que el aspirante trabajara cierto tiempo en la pizca; luego la condición cambió y no se medía el tiempo sino la cantidad de algodón levantado (una tonelada, y más tarde, dos toneladas). Fue una atinada carambola pues disminuyó la presión demográfica en Hermosillo al mandar pizcadores al Mayo y el Yaqui.

  De acuerdo con las autoridades norteamericanas, que reconocían la necesidad de brazos mexicanos, el centro de contratación se estableció en Empalme. Había un Comité de Control de Pizcadores que pagaba los gastos de mover a los braceros a los campos de nuestros diversos valles, y que les daba a los que cumplían una constancia que les abría el camino a los Estados Unidos.

   La gran masa de migrantes se concentró en Empalme, donde surgieron problemas de orden, salud y alimentación, pero no por mucho tiempo. Curiosamente, los empalmenses le sacaron provecho a la situación pues abrieron fondas, cafés, lavanderías y servicios que requerían los braceros mientras aguardaban. De hecho, hoy se reconoce la aportación que hicieron los migrantes a la economía del municipio.

  No se puede negar que hubo funcionarios corruptos que abusaron de su puesto, casi siempre federales. El Centro operó hasta 1963 o 64.

  Me dirán,, con razón, que las circunstancias son ahora distintas, es obvio. No se repiten los fenómenos sociales de diferentes épocas con las mismas características. Pero es válido el ejemplo para afirmar que el problema actual no es irresoluble ni es ilícito contribuir a la contratación de trabajadores para patrones norteamericanos. Es necesario estudiar soluciones adecuadas al momento actual e intentar aplicarlas.

NUESTRO MURO DEL SUR

   Se puso buena la discusión en el Legislativo, pues un morenista de casta, Porfirio Muñoz Ledo, cuestionó la legalidad  del uso de la Guardia Nacional en la frontera sur (forma el muro del sur, dijo) y otra legisladora del mismo grupo le reviró con vigor.

  Ya se ha tratado ese aspecto en esta columna. En lo que creo que Muñoz Ledo tiene plena razón es en señalar que el cuidado de las fronteras no corresponde a la Secretaría de Relaciones, cuyo titular encabeza la comisión respectiva, sino a la Secretaría de Gobernación; no a Marcelo Ebrard sino a la abogada Olga Sánchez Cordero.

crlosomoncada@gmail.com