Sonora en la elección presidencial

Sonora en la elección presidencial

Quizá porque el formato de las campañas no lo permite, o porque los principales candidatos a la presidencia de la republica carecen de una visión programática integrada, que contemple unir los cabos sueltos que le han impedido al país un crecimiento económico sostenido

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Por Alberto Vizcarra Osuna

Quizá porque el formato de las campañas no lo permite, o porque los principales candidatos a la presidencia de la republica carecen de una visión programática integrada, que contemple unir los cabos sueltos que le han impedido al país un crecimiento económico sostenido, con un proceso de industrialización apoyado en el fortalecimiento del mercado interno, solo se puedan rescatar frases y expresiones sueltas de los discursos de José Antonio Meade y de López Obrador, quienes de alguna manera admiten la necesidad de medidas  que le permitan a México romper con la inercia de más de tres décadas sumido en un crecimiento económico mediocre.

Por ejemplo, entre otras cosas, López Obrador, sostiene con respecto a la producción de alimentos, que restablecerá la política de precios de garantía, orientada fundamentalmente a fortalecer las áreas de alta productividad que permitan incrementos inmediatos en la producción de trigo, maíz, fríjol y arroz. Un planteamiento loable dada la marcada dependencia de las importaciones que la nación tiene en dichos productos para poder satisfacer las necesidades del consumo interno. Por su parte, José Antonio Meade, planteó en su primer discurso, al momento de asumir la candidatura del PRI y ante los sectores de ese partido, que su programa contempla encaminar a México a la condición de una “potencia económica, para que no falte el trabajo y los alimentos en la mesa de los mexicanos”.

En el rescate de esas frases, se advierte que discursivamente el problema de la producción de alimentos sigue ponderándose como una prioridad estratégica. Lo cual es correcto, porque el sector primario es la plataforma para todo proceso de agroindustrialización e industrialización. Los cabos sueltos empiezan a aparecer cuando no se hace explícita una política de inversión publica dirigida a las obras de infraestructura que permitan fortalecer aquellas regiones del país que cuentan con una relativa capacidad instalada, como los distritos de riego, para responder en lo inmediato a los estímulos dirigidos a incrementar la productividad en los cultivos de trigo, maíz, frijol y arroz.

La región de la costa del pacífico, en particular Sonora y Sinaloa, sin demérito de otras reconocidas regiones de México, tienen un papel fundamental en el posible logro de estos propósitos. Realizarlos contempla varias implicaciones administrativas, pero lo esencial es atender con prontitud lo relacionado con los requerimientos de agua que estas metas reclaman. Con el agua disponible Sonora y Sinaloa le proporcionan a la producción nacional de granos, casi el cincuenta por ciento de trigo y maíz, además de otros productos como oleaginosas y hortalizas. Pero el potencial de esta zona es mucho mayor, si se dispusiera de mayores volúmenes de agua para ampliar la frontera agrícola en un  millón más de hectáreas desde la parte media de Nayarit, Sinaloa y el sur de Sonora. Esto es perfectamente factible con la construcción del Plan Hidráulico del Noroeste y con un impuso decidido a los proyectos de desalación de agua de mar para atender la demanda del consumo humano.

El gobierno de Sonora ya emprendió el camino en esta dirección, con el proyecto de la desaladora que abastecerá a las ciudades de Guaymas, Emalme y Hermosillo. Se requiere, por la importancia estratégica de la costa del pacífico, que esta política se fortalezca y que todos los sectores productivos del estado, las comunidades indígenas, la sociedad civil organizada respalden lo iniciado, y le demanden a los candidatos, la adopción de estas políticas para que sus planteamientos no queden como frases sueltas, de buenos propósitos pero desvinculadas de las acciones de gran calado que se hacen necesarias para que la meta de incrementar sustantivamente la producción de alimentos se haga realidad, deje de ser un deseo y la oración recurrente de cada campaña presidencial.