¿Se convencieron de que el mal no es negocio?

¿Se convencieron de que el mal no es negocio?

Parecería que la alcaldesa de Hermosillo, Célida López, se quiere pasar de lista o le apuesta a la ingenuidad de los productores rurales, los yaquis y los habitantes del sur de Sonora

El agua: mercancía o bien estratégico para el desarrollo
La alcaldesa de Hermosillo revive los métodos de Padrés
La agricultura, ¿negocio o actividad económica estratégica?

Por Alberto Vizcarra Ozuna

Parecería que la alcaldesa de Hermosillo, Célida López, se quiere pasar de lista o le apuesta a la ingenuidad de los productores rurales, los yaquis y los habitantes del sur de Sonora. Resulta que induce la versión mediática de que el organismo operador de agua potable de la capital del estado de repente se percató que el agua transportada por medio de la operación ilegal del Acueducto Independencia, es demasiado cara. La especie se desprende de las declaraciones del Director General de Agua de Hermosillo, Alfredo Gómez Sarabia.

Nunca se desconoció la inviabilidad técnica y financiera del acueducto, del cual la alcaldesa fue una vehemente defensora al lado del ex gobernador Guillermo Padrés. Ahora usan el dato de lo caro que cuesta la operación de esa obra, no para desacreditarla, sino  para tramposamente atacar el proyecto de la desaladora Guaymas-Empalme Hermosillo, del cual su primer módulo estará terminado a principios del año que entra. No quieren que se fortalezca la demanda de presupuesto federal para el segundo módulo de dicho proyecto que le garantizaría de manera permanente agua a la ciudad capital, sin incurrir en el abuso de despojar a los yaquis y a los habitantes del sur de la entidad del derecho al usufructo de las aguas del Río Yaqui.

Se advierte que la alcaldesa capitalina, quiere crear el sentimiento de que el Acueducto Independencia, se dejará de usar porque es demasiado caro. Trata de conformar el ánimo de que la obra caerá por su propia inviabilidad y en consecuencia no ocupará de que se sostenga la oposición, ni los litigios en su contra, mucho menos promover la alternativa de gestionar más agua para no dividirnos con el reparto de la que no alcanza. La apariencia de que finalmente se dieron cuenta de que hacer el mal no es negocio.

Pero en los hechos las cosas caminan en la dirección opuesta. La alcaldesa gestiona agresivamente recursos federales y privados para el afamado Ramal Norte, ahora conocido como acuaférico y pensado originalmente como una extensión técnica del acueducto para darle viabilidad a los grandes negocios inmobiliarios que quedaron suspendidos cuando la obra fue interrumpida por las mismas ilegalidades cometidas en la construcción del Acueducto Independencia. 

Una vez enchufado el llamado acuaférico al acueducto, como en su momento lo reconoció la alcaldesa, no serán suficientes los 30 millones de metros cúbicos que anualmente se le extraen ilegalmente a la Cuenca del Río Yaqui. Se requerirán dijo hasta 120 millones de metros cúbicos anuales para poder bombearle agua a la burbuja inmobiliaria de la capital del estado.

  Lo más caro del acueducto, no es lo costoso del metro cúbico transportado, sino el hecho de que no le aporta una gota de agua más a las actividades productivas de Sonora. Por el contrario, descapitaliza al estado, porque acelera la proyección deficitaria de la Cuenca del Río Yaqui y con ello lesiona existencialmente a los yoremes y afecta económica y socialmente las actividades productivas de una región en donde se ubican siete municipios y radican más de un millón de habitantes.

La alcaldesa tiene  que superar ese sentimiento pueril que aqueja a gran parte de la sociedad y a muchos de los gobernantes, que prefieren ir tras el dinero (negocios) y se olvidan del futuro. Hay que pensar que la mejor plataforma que hace funcional y sustentable la vida social es el crecimiento y el desarrollo económico de todos y eso reclama más agua. Lo más barato es que Sonora tenga más agua con la desalación y el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO)