Retórica antineoliberal y neoliberalismo en la práctica

Retórica antineoliberal y neoliberalismo en la práctica

La luz del día no termina sin que el presidente Andrés Manuel López Obrador, no remate sus alocuciones condenando al modelo económico neoliberal

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Equilibrio presupuestal, soga neoliberal

Por Alberto Vizcarra Ozuna

 La luz del día no termina sin que el presidente Andrés Manuel López Obrador, no remate sus alocuciones condenando al modelo económico neoliberal. Si el modelo estuviera sujeto a los conjuros que el presidente hace en su contra, ya estaríamos viviendo un proceso económico dirigido al desmantelamiento de sus políticas y al abandono de sus axiomas. Pero no, el modelo neoliberal está vivito y coleando. A un año del gobierno lopezobradorista, no solo goza de cabal salud, sino que se fortalece y profundiza.

Si el empresario señero del salinismo, Carlo Slim, tuviera que calificar al presidente López Obrador, lo reprobaría en sus discursos, pero lo aprobaría en su práctica. Y así lo hizo recientemente, después de ser autorizado en el Congreso de la Unión el restrictivo paquete presupuestal 2020, Slim disparó el elogio: “… se sentaron las bases para unas finanzas públicas sanas, mucha disciplina por parte del sector público, no subió la deuda, están sentadas las bases, la confianza para la inversión financiera”. 

Los valores económicos que Slim pondera son precisamente los dogmas de una política económica que ha permitido la realización de grandes negocios en manos de unos pocos, pero ha propiciado el estancamiento económico y la falta de empleos. Cuando Slim elogia al gobierno, no son buenos augurios para el país. Este es el tipo de empresario incubado y parido por el modelo económico neoliberal, emblema vergonzoso de la construcción de una fortuna sobre los escombros de la economía nacional y la pobreza de millones de mexicanos.

 Para la elaboración del recientemente aprobado paquete presupuestal 2020, se siguieron estrictamente las normas de la ortodoxia neoliberal: asistencialismo social ampliado y extendido (con nuevas denominaciones), estricta disciplina fiscal -esto es un asfixiante equilibrio en el presupuesto- y pago puntual y reverencial a los intereses de la deuda y a los sectores financieros que viven de la especulación con los activos nacionales. En materia presupuestal, el gobierno replicó lo que se ha hecho durante los últimos treinta años, mantener las políticas de ajuste –ahora con el nombre de austeridad republicana- con la que todos lo sectores vinculados al mercado interno padecen, menos el sector financiero, la deuda y la banca.

Al respecto, el coordinador de los diputados de MORENA, Mario Delgado, no ocupa el escrúpulo del presidente y pone a un lado la retórica en contra del neoliberalismo. Se descara para justificar los brutales recortes impuestos al presupuesto destinado al campo mexicano. Señala que se está impulsando una nueva política de financiamiento utilizando los mercados financieros, y luego remata “que no todo se va a resolver por la vía presupuestal”. La vieja letanía neoliberal que le entrega la economía nacional a los mercados internacionales, y desestima el presupuesto federal como un instrumento indispensable para la orientación económica y la capitalización del mercado interno.

Es posible que el presidente piense que se puede condenar al diablo desde el podium mañanero, pero convivir con él en la práctica. No hay economía que pueda funcionar en esas condiciones. No hay forma de que coexista por mucho tiempo un discurso que camina en contra de lo que hace. La incongruencia tiene su precio y el presidente podría estar muy próximo a pagarlo, desgraciadamente con saldos muy negativos para el país.

Estamos en este episodio de recortes presupuestales, porque las sumas y restas que hizo el presidente, no salieron como ilusoriamente él pensaba. Repitió en todas las plazas del país, durante su campaña, que crearía un ahorro de 500 mil millones de pesos anuales, como resultado del combate a la corrupción en el manejo del presupuesto y la eliminación de sobre sueldos a la alta burocracia. Según su imaginación esto le iba a permitir disponibilidad de flujos de inversión pública para hacer crecer la economía sin endeudarse y sin aumentar impuestos; pero sobre todo sin tener que modificar las políticas macro económicas neoliberales.

No hay forma de que el discurso antineoliberal del presidente continúe coexistiendo con una práctica neoliberal. La realidad tiene la elocuencia para arreglar -a veces no de la mejor manera- estas incongruencias y paradojas.