Resbaladero al infierno

Resbaladero al infierno

Uno de los resbaladeros más amplios y pronunciados, que puede llevar al gobierno de AMLO -y con ello al país- a hundirse más en el infierno de la violencia, es la "nueva" estrategia frente al narcotráfico

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Alberto Vizcarra Ozuna

Uno de los resbaladeros más amplios y pronunciados, que puede llevar al gobierno de AMLO -y con ello al país- a hundirse más en el infierno de la violencia, es la “nueva” estrategia frente al narcotráfico. ¿En que fuentes de inteligencia se estará apoyando la Secretaría de Gobernación para suponer que el narcotráfico tiene interés en pacificar al país y contribuir a la gobernabilidad? Desdeñar que el narcotráfico es una extensión operativa de intereses financieros multinacionales y que obedece a un comando internacional, es por sí mismo inexplicable o simplemente una rendición. La vieja matriz colonialista del narcotráfico, quiere la guerra perpetua y el caos; en la práctica representan una invasión extranjera y en todos los sentidos deben de ser tratados como tales.

Lo equívoco de la estrategia, se adereza con el candor de la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien no tiene la elemental habilidad de medir las consecuencias de sus palabras. Comete la imprudencia de plantear la negociación y el diálogo con los grupos criminales, en medio de un incremento desmesurado de la violencia en el país, los asesinatos, secuestros y la intensificación de las operaciones del narcotráfico. El nuevo gobierno no ha podido detener la beligerancia y el control territorial de los grupos criminales. En ese contexto, ofrecer una amnistía y proponer un diálogo, más parece una claudicación del estado que una rendición de los subvertidos

Olga Sánchez Cordero, se enredó con sus dichos, porque está enredada en los hechos. Desde el inicio de la administración se desplegó como la vanguardista de la legalización, la producción y el consumo de las drogas. En sus primeros lances, realizados en diciembre del año pasado, no tuvo éxito, más bien rechazo social a la idea de que la pacificación del país tiene que pasar necesariamente por la legalización de las drogas. Se trataron de montar los foros nacionales por la paz y la consigna por la legalización de las drogas no tuvo eco, mucho menos la idea de la amnistía y la negociaciones con los grupos criminales. Los foros quedaron suspendidos.

Este segundo lance de la ex ministro de la Suprema Corte, obligó al presidente López Obrador, a hacerle la corrección pública y precisar que no existe ni diálogo ni negociación con los grupos que conforman el crimen organizado, pero sí el interés de pacificar al país. Es evidente que se está incrementando la presión –literalmente a sangre y fuego- sobre el presidente para que acepte la legalización de las drogas y haga de México un paraíso del lavado de dinero que las estructuras bancarias internacionales necesitan con apremio en la frontera sur con los Estados Unidos.

El ardid de la legalización como remedio, no se sostiene ni en la teoría, mucho menos en la práctica. La realidad se ha encargado de vomitar la medicina y descubrirla como una entelequia de las estructuras financieras que pretenden mecanismos más holgados –desregulados- para hacer fluir por los sistemas bancarios internacionales más de 800 mil millones de dólares anuales que hoy reclaman bromosos complejos de triangulación para poderlos legalizar. Recientemente, la oficina de Aduanas y Protección fronteriza de Estados Unidos, decomisó un cargamento de casi cuatro toneladas de marihuana y señalaron que hacía menos de una semana habían incautado un cargamento similar. Las mismas autoridades hicieron notar que la introducción de marihuana ilegal al mercado de California, no ha disminuido a pesar de ser este uno de los estados que dieron los primeros pasos en la legalización de la marihuana. Cosas parecidas ocurren en otros estados de la Unión Americana.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no debe ponerse en la orilla de este resbaladero. Hay acciones binacionales (México-Estados Unidos), que deben tomarse con toda fuerza y rigor para dar los primeros pasos en dirección a la pacificación del país. Una de ellas es la regulación estricta sobre los mercados financieros para impedir el abastecimiento de dólares del que actualmente goza el crimen organizado y el otro el control sobre la entrada indiscriminada de armas al territorio nacional que según datos del ejército mexicano, en tan solo una década han entrado al país más de dos millones de armas de diferentes calibres. 

Poner el énfasis, tan solo en esos dos puntos, acompañados de otros relacionados con el combate a la  producción y el trasiego de drogas, nos pondría en el camino correcto para salir de infierno que padecemos.