No son los encantadores, es la realidad

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No son los encantadores, es la realidad

El Quijote no fue el héroe de la novela de Cervantes; fue la construcción literaria de una personalidad que lleva al extremo la pretensión de ajustar la realidad a una idealización delirante de su imaginación

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Por Alberto Vizcarra Ozuna

El Quijote no fue el héroe de la novela de Cervantes; fue la construcción literaria de una personalidad  que lleva al extremo la pretensión de ajustar la realidad a una idealización delirante de su imaginación. Con el poderoso lenguaje del autor, la personalidad del caballero de la triste figura, queda dibujada en la sentencia: hacía locuras, diciendo cosas cuerdas y también hacía cosas cuerdas diciendo locuras. Un loco entreverado con lúcidos intervalos. Cervantes destaca el ego desmesurado de su personaje, quien despojado de toda autocrítica, siempre adjudica la causa de sus infortunios y desventuras a los denominados “encantadores”, entidades con poderes mágicos dados a la tarea de sabotearle sus afanes justicieros.

Nadie debe percibir la pandemia del coronavirus como una obra de los “encantadores” y menos el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador. Los encantadores no se pueden disfrazar como una mala jugada del destino, empeñados en desbarrancar los afanes justicieros de la Cuarta Transformación. La amenaza no tiene su nido en los rincones de la imaginación, al margen de que poderes aviesos pudieran estar interesados, con un espíritu suicida, de que esto derrumbe al presidente y con ello se derrumbe el país entero.

Es por demás estúpido sentirse representado en la porra ciega, que acríticamente le concede poderes sobre naturales al presidente, ante la pandemia que ya entró en la fase de contagios comunitarios, como también lo es adherirse a la mediocridad de algunos segmentos de la oposición que ven en la tragedia la oportunidad para que el descrédito del gobierno se convierta en un activo político utilizado en la próxima elección. Parecería que los que están en el gobierno y los que están en la oposición, se preocupan más por la próxima jornada electoral, cuando miles de mexicanos, sino es que decenas de miles, podríamos no llegar vivos a ese evento.  

La disrupción que provoca esta pandemia, se empalma con la  crisis económica global de carácter sistémico, que ha creado por décadas las condiciones para la aparición y rápida propagación de este mal. Cuando no se entiende la relación causal entre los dos fenómenos, difícilmente se diseñarán estrategias exitosas para enfrentarlos. Esta falla le puede abrir espacio a procesos de demencia colectiva, como los que ya anticipan los coros ciegos que militantemente respaldan al presidente y los que mezquinamente lo denostan.

La realidad es que la pandemia ya está en México y la característica que define la curva de contagios en el país advierte el mismo comportamiento mostrado en Asia, en Europa y en los Estados Unidos. Considerando esto, no sorprendería que en las próximas semanas el número de infectados alcance niveles equivalentes a los de Italia y España, en tanto que estos países, como hoy lo hace México, se retrasaron en la realización de pruebas masivas en las principales zonas críticas y eso les impidió lograr aplanar la curva de infectados con el consiguiente desbordamiento en sus capacidades hospitalarias. Lo cual ha traído consigo una mayor pérdida de vidas humanas.

Con la experiencia China a cuestas, Corea del Sur, tomó la decisión oportuna de los muestreos masivos en los sitios y regiones definidos como focos de infección; y es hoy un país que excepcionalmente ha logrado aplanar la curva de contagios.

El presidente de México y las autoridades de salud, tienen la riqueza de estas experiencias a su disposición y deben proceder en consecuencia. No es hora de echarle la culpa a los “encantadores”, es hora de que las facultades constitucionales del presidente se pongan en práctica y resuelva con carácter de urgencia la creación de un fondo inicial de 100 mil millones de pesos con respaldo en las reservas del Banco de México, para estar en condiciones de iniciar los muestreos masivos, los procedimientos de aislamiento y el seguimiento a las cadenas de contagio.

Guardemos en una caja con candado los dogmas neoliberales del equilibrio presupuestal y la autonomía irresponsable del Banco de México y luego tiremos la llave de ese candado al mar para que nadie la vuelva a abrir. Si no lo hacemos, entraremos con los ojos vendados a un campo minado en donde nos espera un nido de ametralladoras. Esta no es la mejor manera de ganar la guerra en la defensa de la salud y la  vida de los mexicanos.