¿No quedará un campito para los políticos de talento?

¿No quedará un campito para los políticos de talento?

Carlos MONCADA OCHOA El presidente del comité ejecutivo nacional del PRI, Ochoa Reza, explicó en varios medios electrónicos los mecanismos y plazos

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Carlos MONCADA OCHOA

El presidente del comité ejecutivo nacional del PRI, Ochoa Reza, explicó en varios medios electrónicos los mecanismos y plazos que indica la convocatoria para escoger al candidato presidencial, y habló también de las candidaturas a otros cargos, que totalizan, no recuerdo el número exacto, alrededor de dos mil personas.

El partido tiene reservado el 50 por ciento de dichas candidaturas para las mujeres pues el respeto a la equidad de género se ha vuelto no sólo cuestión legal sino mística, según todo lo indica.

Además, de cada tres candidatos, uno deberá ser joven, de acuerdo con los estatutos del tricolor, pues la juventud ha de contar con el espacio necesario para contribuir al avance del sistema.

Y hay más: se guardarán candidaturas para los discapacitados ya que los pueden desempañar igual o mejor que cualquiera que posea íntegras todas sus capacidades.

Ya que tienen esos magníficos planes para cubrir las candidaturas, ¿será posible que guarden un campito, siquiera modesto, para políticos con talento, al margen de su sexo?

 

DE TOBOGANES Y RAMPAS

Subiendo y bajando escaleras en un edificio de Cananea, comenté en plan de broma que deberían instalar toboganes para que pudiéramos bajar quienes, por la edad, hemos perdido la habilidad de descender escalón por escalón.

En Hermosillo seguí pensando en el asunto, ya en plan serio, y en otro relacionado. En los últimos diez o quince años se ha construido casi en todas las ciudades un número considerable de rampas. Si bien algunas no están construidas de modo apropiado pues son poco inclinadas o estrechas, que los gobiernos y la sociedad se preocupe por ancianos y desvalidos es digno de elogio.

Pero se han olvidado de un lugar importante: las paradas de los camiones urbanos. Cuando el camión se detiene atendiendo nuestra seña, hay que abordarlo con prontitud porque no puede esperar mucho. Sin embargo, al acercarse al filo de la banqueta el pasajero con muchos años encima se da cuenta de que la banqueta es alta y que requiere la máxima precaución, y por tanto, el máximo tiempo, para bajar al arroyo de la calle.

¿Por qué no construir pequeñas rampas para que las utilicen viejitos y viejitas?

En cuanto a los toboganes, de inmediato un amigo me hizo observar que si uno lo utiliza desde, digamos, la segunda planta de un edificio, se pegará en toda la torre (hay otra frase pintoresca para decir lo mismo) porque la velocidad del sujeto que desciende aumentará (era muy estudioso, y me aventó con desparpajo la fórmula del movimiento uniformemente acelerado, que aprendió en la clase de Física, en Secundaria).

Tiene razón. Creo que algunos veteranos que bajen por el tobogán tendrán fuerza en las manos para regular la velocidad; si no es así, se contratarán muchachas de entre 18 y 25 años que se mantengan vigilantes abajo, para que cuando vean que se desliza con excesiva rapidez un cristiano lo reciban con los brazos abiertos a fin de que no se lastime. ¿Qué tal la idea?

 

carlosomoncada@gmail.com