No permitas que la ansiedad robe tu vida

No permitas que la ansiedad robe tu vida

Cualquier trastorno de ansiedad puede resultar en un drenaje importante de energía vital y quienes la han padecido o la siguen padeciendo bien podrían

Un nudo en la sábana
La sabiduría de la rendición
No escuches…
Cualquier trastorno de ansiedad puede resultar en un drenaje importante de energía vital y quienes la han padecido o la siguen padeciendo bien podrían afirmar que la ansiedad le ha robado parte importante de sus vidas.
El hecho de sentir que perdemos el control puede ser motivo suficiente para afirmar que estamos permitiendo que algo que no somos nosotros mismos actúe y decida por nosotros. El no poder sacar un pensamiento de nuestra cabeza, el tener que planificar el día evitando las situaciones que nos coloquen en riesgo de sufrir un ataque de pánico, el querer ver solo a determinadas personas en circunstancias específicas, nos habla que perdemos dominio en cuanto a lo que quisiéramos vivir.
El cederle el control a la ansiedad para que ella se apodere de nuestras vidas, es regalársela, es resignarnos a vivir en su sombra y conformarnos con los puntuales momentos que, caritativamente nos permita medianamente vivir y disfrutar.
Hasta ahora parece que la ansiedad es la peor compañía de todas y lo peor que pudo pasar es que tuviésemos que compartir nuestra vida con ella justamente, tan perturbadora, tan egoísta, tan egocéntrica y sin duda que tan imprudente… Si permanecemos con esto predominando en nuestra mente, así será durante un tiempo indefinido.
Pero si nos tomamos la tarea de conocer la ansiedad y sus verdaderas intenciones y actuemos en consecuencia, lo más probable es que terminemos apreciando su visita y despidiéndole cortésmente.
La ansiedad y sus trastornos nos invitan a revisar nuestro enfoque de la vida, cómo estamos viviendo, qué apreciamos de la vida. Esa necesidad de controlar el futuro, de no aceptar el presente, ese miedo a que las cosas salgan mal, esa desconfianza en el proceso natural de la vida y la convicción de que si no intervenimos todo saldrá mal, es justamente a lo que le tenemos que dar un alto.
El enemigo no es la ansiedad, ni esos síntomas molestos que a veces sentimos que acaban con nuestra existencia. El verdadero enemigo es uno mismo y la ansiedad es solo la mensajera, la que nos dice que no estamos tomando el camino correcto y si la escuchamos, entenderemos que no tiene intenciones de permanecer demasiado tiempo, ni mucho menos robarse nuestra vida, solo quiere que comprendamos que hay otras formas, que la vida es ahora, que debemos dejar de intentar controlar todo y a todos y que no importa si algo sale mal… es parte de la vida.
Cuando comenzamos a confiar, en nosotros, en la capacidad de dar mejores respuestas a nuestras situaciones, cuando entendemos que durmiendo la ansiedad, nos dormimos a nosotros mismos y que lo que debemos hacer es escucharla y seguir sus sugerencias, ella por iniciativa propia comienza a alejarse, hasta que sin hacer mucho ruido se retira para siempre… Inclusive si en algún momento intenta regresar, ya la conoceremos, la saludaremos desde lejos y le daremos a entender que no es necesario que vuelva, que sabemos qué nos intenta recordar y con sutileza nos guiñará un ojo sin mayor perturbación y pasará de largo.
Así de sabia es la relación de nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón, nada de lo que nos ocurre pasa por casualidad, todo lleva un mensaje y está en nosotros descifrarlo y tomar acciones al respecto.
Ama tu vida, acepta tu presente con cualquier cosa que te ofrezca  y confía plenamente en el proceso de la vida…
Tomado de: Sara Espejo – Rincón del Tibet