No; no soy agricultor

No; no soy agricultor

El lunes de la semana pasada, fui invitado a acompañar a los ejidatarios, colonos y pequeños propietarios del Valle del Yaqui y del Mayo, que resolvieron presentarse en las oficinas que ocupa el diputado federal Javier Lamarque Cano, en Ciudad Obregón, para hacerle el reclamo en contra de la ahora fallida pretensión de cobrarle a los productores los derechos del uso del agua para la agricultura

Resbaladero al infierno
Si levantas piedras, saldrán alacranes
La histeria contra Bartlett

Por Alberto Vizcarra Ozuna

El lunes de la semana pasada, fui invitado a acompañar a los ejidatarios, colonos y pequeños propietarios del Valle del Yaqui y del Mayo, que resolvieron presentarse en las oficinas que ocupa el diputado federal Javier Lamarque Cano, en Ciudad Obregón, para hacerle el reclamo en contra de la ahora fallida pretensión de cobrarle a los productores los derechos del uso del agua para la agricultura. 

Al momento de entrar a las oficinas, el diputado se vio obligado a recibir a los quejosos, en una sala que quedó abarrotada por los productores y los medios de comunicación. Se dieron las airadas intervenciones de los productores y me tocó hacer uso de la palabra para abundar al cúmulo de argumentos vertidos en contra de tamaño despropósito, que como penitencia al voluntarismo del diputado, cobró el mote de “iniciativa Lamarque”.

Era evidente que el diputado obedecía una orden para instrumentar algo de lo cual no tenía ni la menor idea sobre sus consecuencias. Después de mi intervención, aparentó desconocerme y con una carga de sorna embarrada de cinismo dijo: perdón, ¿cómo se llama este señor productor? Viejo estribillo usado por los políticos tradicionales para descalificar a quien sin ser productor defiende los intereses regionales y nacionales estratégicamente vinculados a la producción de alimentos. 

Todo ciudadano, está no solo en el derecho, sino también en la obligación, de defender la agricultura. A lo que no hay derecho  -y menos si se dispone de fuero- es a lesionarla y a incrementar con ello la acentuada dependencia en la importación de alimentos que el país ha padecido por los últimos treinta años.

Usar el estribillo de “tú no eres productor”, para denostar al ciudadano que sin ser productor defiende la agricultura, es un ardid malicioso de los políticos tradicionales que durante todos estos años han consentido -en servicio a intereses corporativos y comerciales privados- políticas que dañan y debilitan al campo mexicano, a sus productores y con ello a la soberanía nacional. 

Ellos, sin ser productores se arrogan el derecho de consentir medidas y acciones que van en detrimento de los productores y luego incitan la consigna de que el que no sea productor no debe defender la agricultura. Son procedimientos de control social de vieja data, usados como mecanismos para sabotear la unificación de la sociedad y la posibilidad de que esta entienda que en la defensa de la agricultura está implicada la defensa del bien común. No quieren que se amplíe el vínculo de los productores con la sociedad en general. Le tienen pavor a que se superen las barreras gremialistas, que dividen a la sociedad y que se prestan a la manipulación.

Se espantan cuando en la defensa de una causa justa se reconocen todos los sectores, se superan las divisiones y prejuicios de clase, los partidismos y otros lastres de ese tipo, y la sociedad se unifica en un solo puño, como se ha demostrado en la defensa de las aguas del Río Yaqui y en el impulso a una política de gestión de más agua con la desalación de agua de mar y de grandes proyectos de infraestructura hidráulica como el Plan Hidráulico del Noroeste, (PLHINO).

Seguiré acompañando a los productores rurales, como lo he hecho durante los últimos cuarenta años. Seguiré defendiendo la producción de alimentos y el futuro de esta región, aunque se incomoden los políticos mediocres que por carecer de argumentos procuran descalificarnos con la expresión maliciosa de “tú no eres productor”.