Murió abogado de Gisela, lo mató la apatía del gobierno

Murió abogado de Gisela, lo mató la apatía del gobierno

Muchos se preguntan cómo llegamos a este nivel de delincuencia, donde se mata a una persona y no pasa nada; se roba en casa habitación, en los negocios y nomás. Y el tema nacional el saqueo de la gasolina que se extrae ilegalmente en todo el territorio y ahora ante la mirada complaciente del ejército mexicano. Bueno señores nada es resultado de la casualidad, todo esto se deriva de la forma tan “natural” en que la sociedad observó el abuso de la clase política y gobernante y lo fácil que se iban sin ser llamados a cuenta, así que decidieron imitarlos

No hay tiempo para ataques de pánico por el alza diaria a gasolinas ¿Qué más mal puede ir?
Nadie defiende la vida ni el patrimonio de la sociedad ¿No hay?
¿Dónde están los culpables? Urge encontrarlos

Juana María Olguín

Muchos se preguntan cómo llegamos a este nivel de delincuencia, donde se mata a una persona y no pasa nada; se roba en casa habitación, en los negocios y nomás. Y el tema nacional el saqueo de la gasolina que se extrae  ilegalmente en todo el territorio y ahora ante la mirada complaciente del ejército mexicano. Bueno señores nada es resultado de la casualidad, todo esto se deriva de la forma tan “natural” en que la sociedad observó el abuso de la clase política y gobernante y lo fácil que se iban sin ser llamados a cuenta, así que decidieron imitarlos.

Así de a poco algunas gentes decidieron imitar a la clase política y gobernante, quienes exhibían impúdicamente sus delitos, (su riqueza mal habida) sin jamás ser llamados a cuenta. La crisis de corrupción y descaro de los gobernantes fue cruda y burda durante el gobierno de Enrique Peña Nieto así que señores míos ¿Cómo nos preguntamos porque tanto acto de rapiña de los ciudadanos? Con semejantes maestros en la administración pública.  

Los que se involucran en la rapiña no están determinados por su estatus social, es decir no hay un ladrón por cada pobre que habita el país y en cambio parece que si hay un ladrón en cada gobernante. Como ejemplo lo que ocurre en los municipios de Guaymas y Navojoa a quienes se les olvidó que juraron hacer mucho con los pocos recursos que quedaron en esas alcaldías en quiebra. Pues que se aumentaron los sueldos como si la cosa estuviera en jauja. 

Son una vergüenza las dos alcaldesas de Guaymas y Navojoa, mujeres para peor descrédito y que incumplen con la promesa de Andrés Manuel López Obrador de hacer gobierno en austeridad republicana.   

En el primer mes de López Obrador  al cargo del país se dispararon los índices de inseguridad y el desempleo. La tasa de desocupación en México fue de 3.6 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) en diciembre de 2018, el dato superior al mismo mes de 2017, y que representa su mayor nivel en los últimos dos años. Y para colmo de males ya llegaron otros miles de centroamericanos quienes en el peor de los casos se quedarán aquí.   

La nota luctuosa la dio muy temprano el fallecimiento del Licenciado, Juan Antonio Ortega, quien alcanzó notoriedad en los últimos cinco años, luego de tomar el caso de Gisela Peraza Villa, la ex trabajadora de Guillermo Padrés. La última vez que platiqué con él, se veía muy mal, estaba muy preocupado por su salud y su sobrevivencia económica. Su deceso sobrevino y los expedientes que empujó hasta donde sus fuerzas le alcanzaron guardan el sueño de los justos o de las complicidades.

Hasta su último aliento se lamentó de la inacción de parte de la procuraduría de justicia del estado, la que ha permito hasta ahora que el tal, Agustín Rodríguez esté tan cómodo y feliz como puede estar un ciudadano que no torturó y encarceló a otro. Los delitos que cometió este personaje contra Peraza Villa como secretario particular de Padrés Elías entre otros más funcionarios del gobierno padrecista no alcanzan fianza, pero nadie quiere hacer cumplir la ley.

En cambio a los pocos que ha acusado el gobierno actual, todos cuentan con una puerta rotativa, entran por un lado y salen por el otro. Este hombre, que cobró como secretario de salud, Bernardo Campillo García, se dio el lujo de limpiar la oficina desde donde despachó. Dicen que se enamoró del lujo y refinamiento de los muebles patrimonio de esa dependencia y se los llevó para su casa. Ah pues lo detuvieron y rápido lo soltaron con una fianza por 250 mil pesos. 

Descanse en paz el abogado Juan Antonio Ortega, ojalá que su muerte no signifique la conclusión de su lucha, por ende la de Gisela y su familia. Hay que darle tiempo al tiempo.