Mucha pieza Sylvana y Maloro

Mucha pieza Sylvana y Maloro

Desde que tenemos memoria periodística, nunca nos había sido tan fácil deducir quién ganó un debate, ejercicio entre aspirantes a puestos de elección

Partidos en disyuntiva
Con la varilla ensartada
Nada aún sobre alza

Desde que tenemos memoria periodística, nunca nos había sido tan fácil deducir quién ganó un debate, ejercicio entre aspirantes a puestos de elección popular que llegó para quedarse y que este miércoles confrontó a las tres fórmulas que disputan los escaños por Sonora en el Senado de la República.

Pero como diría el buen Jack el destripador, vamos por partes y por el principio al tratar de resumir lo ocurrido en el Centro de las Artes de la Universidad de Sonora, que en principio es menester subrayar lo confuso de las reglas del formato o la impericia de quienes moderaron dicho ejercicio, con el resultante de un enredijo de regulares dimensiones.

Sin temor a equivocarnos, los grandes perdedores de ese debate fueron Antonio Astiazarán y Leticia Cuesta, aunque nos queda la duda si fueron superados en ese sentido por Lilly Téllez y Alfonso Durazo, diferendo solucionable en función de lo que repele la gente; efectismo mediático, sensacionalista e irresponsable o la incapacidad de responder puntualmente cuestionamientos, así como la falta de tablas e ignorancia de las tareas, facultades y responsabilidades de un senador de la república

Nos fletamos de punta a punta la transmisión abierta de ese encuentro y sin lugar a duda, Sylvana Beltrones y Manuel Ignacio Acosta fueron mucha pieza frente a la beligerancia y pobreza de propuestas de Lilly Téllez, el surfeo de Alfonso Durazo, las niñerías e impotencia de Antonio Astiazarán y la ausencia de tablas de Leticia Cuesta.

De destacar la ecuanimidad y serenidad de la cabeza de fórmula de la coalición PRI-Panal-PVEM en el curso de ese encuentro, en el marco de una acabada y documentada exposición sobre los distintos temas y respuestas puntuales y categóricas a puyitas infantiles por parte de las representaciones de MORENA-PT-PES, así como la del PAN-PRD-MC.

Muy fácil determinar que la mancuerna Sylvana-Maloro ganaron ese debate frente a los desfiguros y excesos beligerantes de la locutora en receso abanderada de MORENA, convertida en una sicaria con pretensiones de ejecutora que la llevó a lanzar acusaciones a diestra y siniestra, que en el caso del Maloro fue desmentida en toda la línea al pretender endilgar el refrito de su paso por el Registro Agrario Nacional, en tanto que a Astiazarán lo dejó pasmado al acusarlo de actos de corrupción.

De Durazo sólo es destacable su pretendida obsesión por surfear sobre la ola AMLO, con fugaces destellos de descalificación  de sus adversarios, en una perspectiva que permite asegurar que su participación fue sin pena ni gloria y más bien dejó la carga del descrédito a su compañera de fórmula, además de quedarse callado cuando Maloro le pidió congruencia patrimonial, en relación al aristocrático nivel de vida de la mancuerna de MORENA y subrayarles que él sigue viviendo en la misma casa desde hace muchos años y sin acumulación de propiedades en su ya larga trayectoria en el servicio público.

Resulta por demás evidente que para efectos de congruencia, carecen de calidad moral para pontificar sobre ese tema, tanto Durazo como Astiazarán, reconocidos saltimbanquis de la política.

Además del papelito de golpeadora de cantina o de callejón que asumió la señora Téllez, valga destacar que el único golpe certero y sin respuesta a lo largo de hora y media fue el que le aplicó al representante del PAN, porque de ahí en fuera se la pasó despotricando a diestra y siniestra; sin proponer absolutamente nada; amenazando y utilizando de forma distorsionada datos distorsionados que le hicieron llegar y que manejó con poses de espectacularidad y rústico efectismo.

Muchas veces descompuesta, balbuceante, nerviosa y tartamuda, dicha señora exhibió una conducta atrabiliaria, excedida en sus tiempos y bastante hocicona, siempre con abordajes periféricos y sin atender el sentido de las preguntas sobre los distintos temas y mucho menos hacer propuestas sobre los mismos, teniendo su único cacho de gloria cuando sometió al abanderado del PAN a ríspido cuestionamiento sobre presuntos negocios chuecos personales detrás de sus empresas relacionadas con la generación de energías limpias.

Torpe, rayando en la insensatez se vio al de Guaymas, cuando agobiado por la arremetida de la violenta señora de MORENA, la retó a que sus cuestionamientos los dirigiera contra Sylvana Beltrones y deslizó que no lo hacía porque el que mece la cuna de la priista, también mece la de ella.

Muy raspado salió el “El Toñito” y con justa razón porque en todo caso los cuestionamientos contra su excompañera de partido los debió hacer él, resultando en que quedó noqueado sobre sus pies, en tanto que la otra periodista en receso que lo acompaña en la fórmula, de plano no debe tener idea de lo que se trata estar en el Senado, ya que invariablemente sus abordajes fueron como si anduviera en campaña por una diputación local o incluso una regiduría.

Y peor, cuando pretendió golpear a la abanderada del PRI, recibió categórica respuesta por parte de quien a lo largo de los últimos 15 años se ha distinguido por su intensa participación en programas de asistencia social, cuidado a la salud reproductiva de las mujeres sonorenses y acciones de apoyo a sectores marginados: “Vergüenza es vivir en Sonora y no hacer nada por los sonorenses”, le espetó a quien también aludió como abusona en su relación con trabajadores cuando era titular de Sonora Ciudadana.

“Te queda poco tiempo, pero te sobrará porque muy poco haz hecho en favor de la gente durante toda tu vida viviendo en Sonora”, le espetó sin misericordia, en tanto que al Toñito le metió dolorosa estocada al señalarle lo rápido que aprendió mañas panistas.

Y lo mismo hizo Sylvana cuando la de MORENA cuestionó su patrimonio familiar por el lado de su esposo, dejando en claro que por ahí no es como la harán bajar la guardia, demostrando que se equivocaron de punta a punta respecto a que sería víctima de la retórica populista y las más veces irresponsables de la señora Téllez.

Si Durazo se la pasó surfeando sobre la ola AMLO y citándolo a cada rato sin venir al caso, El Maloro se concretó a desarrollar su propuesta municipalista; la construcción desde abajo y desde la sociedad misma, la nueva plataforma que como senador impulsará para elevar la calidad de vida de la gente.

Sylvana se dio tiempo para recordar el desastre y el desfalco histórico perpetrado por el PAN y Guillermo Padrés y los esfuerzos actuales de reconstrucción, en tanto que Maloro hizo un resumen rápido de cómo encontró el municipio particularmente en seguridad pública, tema en el que le hicieron montón en una retahíla de señalamientos desarticulados y falaces.

Por cierto y a propósito de los desfiguros en el debate, de llamar la atención lo que puede ser considerado un rasgo hasta patológico y que quizás debiera ser tema de estudio de expertos en antropología política, para cuando menos recrear, así sea sólo para el anecdotario, cómo es que Manlio Fabio Beltrones se ha convertido en el objeto de obsesiones de personajes que lo odian hasta el delirio, aunque hay otros que todo lo contrario, sin reconocerlo.

Lo anterior viene al caso por la particular cruzada emprendida por el vapuleado Antonio Astiazarán, cuya campaña como se sabe gira en el reducido eje que se resume en ese repetitivo “Sonora no tiene dueño”, cuya propiedad adjudica el de Guaymas al exgobernador de Sonora, tal como insistió este miércoles al comparecer en la Mesa Cancún, pero que no se atrevió a decir en el debate.

Manlio Fabio Beltrones

Si le resulta como un consuelo, sobra decir que esa obsesión tan cercana al odio es compartida por identificados personajes de la política sonorense, quienes a la menor provocación y en cualquier tema procuran despedazar al nativo de Villa Juárez, pero que en el caso del neopanista y otros que al igual que él andan en campaña, cobran mayor relevancia en este competido proceso electoral.

Dicho cuadro de obsesiones lo dejamos para expertos en ese tipo de asuntos, porque en nuestro caso sólo nos quedamos hasta donde nuestra percepción alcanza, habida cuenta que el ejercicio del poder en Sonora, desde la perspectiva del PRI, pero con firmes extensiones en el PAN, tiene como base un marcado rasgo de cacicazgo muy cercano al aldeanismo político, en donde de forma añeja se sabe que Nogales, Hermosillo, Guaymas, Cajeme, Agua Prieta, solo por citar algunas plazas, se disputan en cada proceso electoral a partir del pretendido patrimonialismo de unos y otros.

En el caso de Beltrones, sus detractores lo mandaron a las ligas mayores al señalarlo como pretenso propietario de Sonora, que más bien luce como una bandera política electoral que ondean sus detractores, toda vez la reconocida influencia del mencionado que por ejemplo pudo colocar a muchos de los suyos en delegaciones federales, fuerza que en su momento, guardadas las proporciones, tuvo el mismo Astiazarán Gutiérrez porque también puso algunos de los suyos.

Ya veremos si esa obsesión contra Manlio es redituable desde el punto de vista de los votos, ya que cuando dichas obsesiones eran en contra de Eduardo Bours Castelo en la elección del 2006, no les fue nada bien y vaya que patalearon de forma muy ruidosa.

Eduardo Bours Castelo

Por lo pronto, de la entrevista del expriista en el Nido de Víboras, nos quedamos con dos puntos distintivos: su patológica obsesión en contra de Beltrones Rivera y su desbordado optimismo respecto a que ganará la elección, a pesar de que en todas las encuestas se ubica en lejano tercer lugar, muy lejos de Lilly Téllez-Alfonso Durazo y mucho más de Sylvana Beltrones-Maloro Acosta y presumimos que se quedará más rezagado luego de lo ocurrido en el debate.

La vamos a dejar de este tamaño que ya en el despacho de mañana le daremos otro entre ya no desde la perspectiva del ojo de buen cubero, complementado con lo que nos enteremos respecto a lo ocurrido en el resto del debate cuya divulgación se limitó a redes sociales.