Manuel Bartlett tiene en las manos sangre de periodistas

Manuel Bartlett tiene en las manos sangre de periodistas

Carlos MONCADA OCHOA El 30 de mayo de 1984, a poca distancia de la avenida Insurgentes y de Reforma, a temprana hora de la tarde, un pistolero ases

¡Atención, presidentes municipales! ¿Listos para la reelección?
Una desquiciada agrede un congreso de la Universidad
¿Y los que aguardaban turno para las diputaciones locales?

Carlos MONCADA OCHOA

El 30 de mayo de 1984, a poca distancia de la avenida Insurgentes y de Reforma, a temprana hora de la tarde, un pistolero asesinó al gran periodista Manuel Buendía Tellezgirón. Publicaba en Excélsior una columna diaria con crítica bien documentada. Iba tras los funcionarios enredados con los narcos y había que eliminarlo.

El secretario de Gobernación Manuel Bartlett puso especial celo en que se llevara al cabo una amplia y profunda investigación y autorizó al jefe de la Dirección Federal de Electricidad, José Antonio Zorrilla Pérez, que dependía de Bartlett, para que la encabezara. Zorrilla fue el primero en entrar a la oficina de Buendía, sobre la calle Nápoles, y se apoderó de su archivo.

Se emitieron hipótesis, se localizaron sospechosos. Pero no se dio con el autor del homicidio…, es decir, no se dio con el asesino, que resultó ser nada menos que José Antonio Zorrilla, mientras Bartlett fue secretario de Gobernación. El 7 de junio de 1989, siendo presidente Carlos Salinas, anunció que el caso se había resuelto, aunque sólo días después detuvieron a Zorrilla, que fue condenado a 35 años de prisión.

El esclarecimiento se debió, fundamentalmente, a la Unión de Periodistas Democráticos, y en especial al periodista Rogelio Hernández, cuya investigación no podía haber sido ignorada por las autoridades. La publicó parcialmente en Excelsior y fue amenazado de muerte por Zorrilla. Este individuo salió de la cárcel en 2009, cuando no cumplía ni 20 años de su condena, pero fue reaprehendido y devuelto a prisión gracias a una protesta masiva de periodistas, encabezada por Miguel Ángel Granados Chapa, ya fallecido.

Este no fue el único homicidio en el que estuvo envuelto Bartlett. El 5 de febrero de 1986, Carlos Loret de Mola, ex gobernador de Yucatán y editorialista de Excelsior y de la revista Impacto, pereció al caer su auto en un precipicio cuando viajaba de México a Zihuatanejo con su secretaria. Llevaba los borradores de sus libros “Que la Nación me lo demande” y “El coronel” (García Valseca), para trabajar en ellos.

La Procuraduría General y Gobernación informaron que había sido un accidente, pero Rafael Loret, hijo de don Carlos, siempre sostuvo que había sido un crimen premeditado y publicó en libro sus apreciaciones y documentos. Contó que Bartlett lo había citado en su despacho para chantajearlo a fin de que guardara silencio; lo presionó con que su madre, sus familiares y la gente toda, se enteraría de que su padre (don Carlos) viajaba hacia un centro turístico con una mujer, que era su secretaria, sí, pero era una mujer. ¿Te imaginas lo que van a decir? Rafael lo mandó a la hacienda del Peje.

No voy a poner todos los asesinatos cometidos en ese sexenio en la cuenta de Bartlett porque no podría aportar al menos pruebas presuncionales. Pero diré que la muerte se cebó entonces sobre todo en periodistas de Sinaloa, y señalaré algunas muertes que causaron revuelo nacional.

24 horas después de haber caído Buendía, en Coatzacoalcos asesinaron a Javier Juárez Vázquez, director de Primera Plana, y antes de dispararle le desfiguraron la cara a golpes. El 20 de abril de 1988 asesinaron a Héctor “el Gato” Félix Miranda, del semanario Zeta, en Tijuana.

El secretario de Gobernación Bartlett tuvo el sombrío honor de inaugurar los asesinatos de periodistas mujeres en México. La primera fue la reportera Norma Figueroa Moreno, que con su director Ernesto Flores Torrijos llegaba a la redacción de El Popular, de Matamoros. Cuando se estacionaban, los pistoleros los atacaron por ambos lados del vehículo y los destrozaron a balazos. Era la mañana del 17 de julio de 1986. Casi en el segundo aniversario de este doble homicidio, el 23 de julio de 1988, la reportera de televisión de Ciudad Juárez, Linda Bejarano, fue perseguida y tiroteada por agentes judiciales federales y asesinada junto con su suegra y el conductor del vehículo. Las autoridades dijeron que los habían confundido con narcotraficantes.

Me disculpo por esta columna sangrienta. Quise demostrar que no sólo se trata del fraude electoral de 1988.

 

carlosomoncada@gmail.com