Lo dulce y lo amargo de ser escritor (5 y último)

Lo dulce y lo amargo de ser escritor (5 y último)

Con la serie de cinco artículos (incluido éste) sobre generalidades de mi carrera de escritor, pongo las bases de una celebración de 50 años de trabajo que espero llevar al cabo a mitad del año

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Al celebrar mis 50 años de escritor habré publicado 50 libros

Carlos MONCADA OCHOA

  Con la serie de cinco artículos (incluido éste) sobre generalidades de mi carrera de escritor, pongo las bases de una celebración de 50 años de trabajo que espero llevar al cabo a mitad del año. No consistirá en pachangas ni en reconocimientos ni en entrevistas ni en conferencias, sino en la publicación de la obra “La saga de la cultura sonorense 1831-2018”. Con ella lograré llegar a un total de 50 libros publicados porque será una obra en doce volúmenes, cada uno con la historia de una actividad cultural (uno para el Teatro y la Ópera, otro para la Pintura,, otro para la Escultura, otro para la Historia, otro para el Periodismo, etcétera.

   La comencé hace dos años y tengo nueve borradores sujetos a revisión. Entre febrero y junio espero despachar los tres volúmenes restantes porque cuento con el material necesario; sólo me falta redactar los textos.

  Gracias a Dios, a los 84 años y medio mi memoria funciona bastante bien, así como mis manos, cosa fundamental para escribir con rapidez. Pero estoy consciente de que debo apresurarme por si llegan a fallarme memoria y manos. Ruego a mis amigos que no se molesten si a veces les rechazo invitaciones porque “La saga de la cultura sonorense” tiene prioridad. Y ruego a mis amigas que me hagan invitaciones para que me pongan a prueba.

   Hay infinidad de satisfacciones que da el oficio de escribir y también infinidad de instantes ingratos. En la serie que hoy termino sólo ofrecí botones de muestra. Entre los primeros, los aspectos dulces, recuerdo la firma del contrato con la Fundación Rodríguez para escribir una biografía del general Abelardo L. Rodríguez y la firma con Grijalbo por la publicación del libro “Oficio de muerte” (asesinatos de periodistas en todo el país). En ambos casos me sentí escritor profesional porque me entregaron anticipos jugosos.

  En el caso de “Oficio de muerte” (2012) me decepcionó que me hubieran cortado varias páginas en las que reseñaba la muerte de cinco periodistas en duelo porque los editores consideraron que el libro saldría muy voluminoso (quedó con 300 páginas) y que de todas maneras aquellas muertes no habían sido verdaderos asesinatos; en el Siglo XIX no se consideraban así.. En compensación, tuve el gran gusto de pedirle el prólogo a Miguel Ángel Granados Chapa que me dijo que sí pero sin dejarme terminar mi rollo  “Le agradezco que me lo pida,, me dijo, porque tengo una deuda con usted. Muchas veces su libro “¡Cayeron! 67 gobernadores derrocados” me ha sacado de apuros cuando he escrito sobre gobernadores”.

   En el campo de las cosas desagradables, me faltó mencionar a quienes, en Navojoa, Cajeme, Empalme y Guaymas me pidieron que les dejara libros, se supone que para ayudarme a venderlos, y no dudo que los hayan vendido, pero se quedaron con el dinero.

  No quedo satisfecho sólo con hablar del acto sin mencionar los nombres. En cuanto haya oportunidad lo haré para tomarme un pequeño desquite.. Además de que uno, como es justo y lógico, debe recibir el pago de lo que entrega, el asunto es de especial importancia para un escritor porque hacer una venta del libro actual abre la posibilidad de poder financiar la publicación de otro.

  En fin, la semana entrante volveremos al itinerario normal de Namakasia. Gracias.

carlosomoncada@gmail.com