La vida no te dará las personas que quieres, sino las que necesitas

La vida no te dará las personas que quieres, sino las que necesitas

A pesar de tener muchos vínculos afectivos con una gran variedad de personas, algunas veces sentiremos inconformidad asociada con algunas de nuestras

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A pesar de tener muchos vínculos afectivos con una gran variedad de personas, algunas veces sentiremos inconformidad asociada con algunas de nuestras relaciones, sintiendo que esos vínculos nos hacen daño, nos restan y nos limitan.

Ante este escenario debemos intentar entender que no siempre llegarán a nuestro lado las personas que nos gustaría que ocuparan los espacios importantes, especialmente en nuestros corazones, sino que llegarán aquellas personas que necesitemos para aprender y para crecer.

Si nos remontamos al principio de nuestra vida, como la conocemos, podemos pensar que el hecho de tener los padres que tenemos es producto de un proceso aleatorio, sin embargo, muchos defienden la teoría que esos vínculos son elegidos a través de un acuerdo de almas, en donde tanto padres como hijos cumplen un papel fundamental en lo que podríamos llamar misión de alma.

En el núcleo familiar aprendemos a amar, a perdonar, a dar, a compartir, a tener paciencia. Podemos tener unos padres a quienes nos resulte sencillo juzgar, podemos tener hijos que nos den las lecciones más grandes de la vida, pero estos fuertes vínculos jamás podrán pasar por nuestras vidas sin aportarnos algo, bien sea herramientas, ejemplos, autoconocimiento a través de la proyección, recursos o vivencias que marcarán nuestra existencia como pocos.

Paulatinamente se irán creando otros lazos, con diversos tipos de personas, con algunas veremos estrellas y con otras nuestro corazón puede estallar (metafóricamente hablando) de ira, de frustración, de decepción. Algunas personas nos amarán, otras nos harán difícil el camino, otras que ni recordaremos sus nombres serán como ángeles salvadores en situaciones de riesgo, pero cada una de ellas nos dejará algo.

No sabemos el efecto que cada uno tiene en otro, ni recordamos los acuerdos de alma que pudimos haber establecido, pero siendo conscientes de que cada uno de nosotros marca a quienes tenemos cerca de una manera particular, aprovechemos la posibilidad de hacerlo para bien. Procuremos bendecir cada relación, sanar cada herida, intentemos tocar el alma de quienes nos acercan para estar dentro de las personas que marcaron sus vidas de una buena manera.

Aprendamos a mirar con los ojos del corazón, más allá de las apariencias y las personalidades, se esconde bajo muchas capas un ser que al igual que nosotros está aquí evolucionando, aprendiendo y como si fuese un juego fue dotado de unas herramientas para alcanzar una misión que normalmente ignora.

Probablemente cada uno tenga una misión de vida particular, pero el propósito general es aprender a ser felices de forma independiente de lo que ocurra y eso requiere dejar de identificarnos con lo tangible y sencillamente ser, amándonos y dejándonos amar. Honra cada presencia en tu vida, aunque prefieras algo diferente, ese ser está en tu vida para favorecerte, así sea a través de caminos complicados e inentendibles. Al final todo tendrá sentido.

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet