La pandilla que “salvará” a Bolivia

La pandilla que “salvará” a Bolivia

Cuando veas que alguien se te acerca con una Biblia bajo el brazo, inmediatamente saca la pistola. Es la conseja que se estandarizó como ironía en la turbulenta época de la conquista del Oeste americano, cuando pretendidos predicadores llegaban a las rudimentarias poblaciones y escondidos tras el libro sagrado, estafaban y creaban más almas de las podían salvar

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Por Alberto Vizcarra Ozuna

Cuando veas que alguien se te acerca con una Biblia bajo el brazo, inmediatamente saca la pistola. Es la conseja que se estandarizó como ironía en la turbulenta época de la conquista del Oeste americano, cuando pretendidos predicadores llegaban a las rudimentarias poblaciones y escondidos tras el libro sagrado, estafaban y creaban más almas de las podían salvar. Es la imagen que se viene a la mente al escuchar a Luís Fernando Camacho, jefe de los “cívicos” de la provincia de Santa Cruz, quién a la renuncia de Evo Morales, dice que por fin la Biblia regresará al gobierno de Bolivia.

Subsecuentemente la vicepresidenta del senado, Jeanine Áñez, bajo el mando político de Camacho, repite la consigna y violando  los protocolos constitucionales se autonombra presidenta del Senado, para luego ilegalmente asumir el mando ejecutivo. En este caso, Áñez no procuró la bendición de Dios, sino de las fuerzas armadas quienes le colocaron la banda presidencial. Las mismas fuerzas armadas que días antes le habían pedido la renuncia a Evo Morales. El ejército de Bolivia empezó quitando y terminó poniendo. Que los aficionados a los sofismas se entretengan con sus piruetas retóricas y las de la OEA, para querer encubrir el hecho inocultable de que se trata de un golpe de estado.

Los augurios de lo que viene para el pueblo de Bolivia, están advertidos en el reciente twitt de Jeanine Áñez, quien dice que sueña con una “Bolivia libre… la ciudad no es para los indios, que se vayan al altiplano o al chaco”. La ex conductora de televisión, muestra la pasión racista y sectaria del grupo juramentado que encabeza Luís  Fernando Camacho cuyo abolengo político está vinculado a la parte más oscura de la atormentada historia del país sudamericano. Tales dichos están muy lejos de las apologías democráticas usadas en contra del presidente depuesto.

Contrario a las suspicacias introducidas por los seguidores de Camacho y su candidato Carlos Mesa, de que Evo Morales propició la interrupción del conteo de los votos, los indicios apuntan en dirección opuesta. El menos beneficiado con la interrupción del proceso es el que va ganando la elección, como quedó demostrado en el reporte elaborado por el Center for Economic and Policy Research, (CEPR), quien documenta que los resultados del conteo rápido con el 83.8 por ciento de los votos contabilizados son consistentes con una proyección del resultado final que señala como inmediato ganador a Evo Morales, con una ventaja de más de 10 puntos porcentuales. Ni la misión de la OEA ni la oposición han demostrado las irregularidades generalizadas o sistemáticas en las elecciones del 20 de octubre del 2019.

La oposición no tuvo capacidad de ganar la elección, pero si la capacidad pandilleril y paramilitar de instrumentar un proceso de desestabilización y terror a la sombra de la protección del ejército y la policía de Bolivia y así propiciar la intervención de la OEA y de los intereses geopolíticos angloamericano concentrados en el Departamento de Estado de los Estados Unidos. 

El entramado que hasta el último momento trató de impedir la salida de Evo Morales de Bolivia y eventualmente consumar su asesinato, descubre un andamiaje internacional respaldado por el Departamento de Estado norteamericano. Se pisoteó el protocolo diplomático para que el depuesto presidente pudiera recibir el asilo político en México,  y países como Perú que inicialmente habían consentido la escala técnica en su territorio, al regreso del vuelo, tuvieron un repentino cambio y les negaron no solo la escala, sino el uso del espacio aéreo.

Ni los más airados detractores de Evo Morales, han podido cuestionar los importantes logros de su gobierno en materia económica. Un gobierno que no se entrampó en la falsa paradoja entre crecimiento económico y desarrollo. Durante una década mantuvo un promedio de crecimiento del 4 por ciento anual y logró reducir en más de un cincuenta por ciento la pobreza que había sido el signo distintivo de la nación. La esperanza de vida aumento de 65 a 71 años, signo inequívoco de mejoras sustantivas en los sistemas de salud, infraestructura y alimentación. 

El empeño de Evo Morales por la educación se refleja no solo en descenso drástico del analfabetismo, sino en la educación de vanguardia al impulsar el proyecto de la Ciudad de la Ciencia, iniciado desde el 2015 en la ciudad de Cochabamba para desarrollar y exportar tecnología. También en la pretensión de construir un complejo  para desarrollar tecnología basada en la energía nuclear con fines medicinales, agroindustriales y de investigación.

La descolonización de Bolivia fue la tarea que Evo Morales se echó a cuestas y demostró que eso es posible para su país y para  América Latina. Con todo y esos logros, Bolivia pudiera ser el eslabón más débil de esos esfuerzos. Quienes  decidieron reventarla usaron a una pandilla de facinerosos que prometen a sus patrocinadores regresar a los bolivianos al infierno de donde empezaban a salir.