La histeria contra Bartlett

La histeria contra Bartlett

Al conformarse el gabinete de Andrés Manuel López Obrador, el personaje más atacado, aun antes de que el gobierno de la cuarta transformación entrara en funciones, fue Manuel Bartlett Díaz

La agricultura, ¿negocio o actividad económica estratégica?
No soy un florero: AMLO
No sigamos dando vueltas en el trapiche

Por Alberto Vizcarra Ozuna

Al conformarse el gabinete de Andrés Manuel López Obrador, el personaje más atacado, aun antes de que el gobierno de la cuarta transformación entrara en funciones, fue Manuel Bartlett Díaz. Los ataques venían de las trincheras de la derecha y también de la izquierda; no faltaron cuestionamientos desde el interior del conjunto lopezobradorista. Se pretendía forzar su salida del gabinete y colocar al mando de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a una persona con la predisposición y ductilidad a modo de los intereses corporativos que están metidos en el mega negocio de la energía.

En el contexto de las reformas y acciones administrativas que habían venido debilitando las capacidades de PEMEX y de la CFE para forzar su privatización, Manuel Bartlett, junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Francisco Rojas, representaron las cabezas intelectuales que sostuvieron la oposición a estos propósitos con los mejores argumentos y las alternativas para que México conservara  estas empresas en su condición de activos nacionales y como instrumento indispensable en el fortalecimiento de la economía nacional. 

La experiencia y convicción de Bartlett, resultan incómodas para los grupos económicos que en los últimos treinta años se acostumbraron a los contratos ventajosos y leoninos con el gobierno. No lograron tumbarlo del gabinete y la reciente renegociación de las condiciones contractuales con las empresas constructoras de gasoductos y trasportadoras de gas, pone en evidencia el desempeño fundamental del director nacional de la CFE para lograr una negociación que no solamente beneficia y fortalece a la empresa del estado, sino que además logra beneficios importantes para las industrias privadas del centro del país y de los estados del Golfo de México, quienes pondrán disponer de gas natural a precios equivalentes con los mercados de los Estados Unidos, Europa y Asia.

Los 4 mil quinientos millones de dólares, como saldo a favor de la CFE en la renegociación con CARSO, IENOVA y TC Energy, una vez que se aceptó que la empresa estatal no cargue con el costo de la construcción de los gasoductos y solo pague la transportación del gas, no es una cifra menor. Es un recurso que sin duda fortalecerá la capacidad nacional de inversión y de generación de energía por parte del estado. Al mismo tiempo se forzó a que dichas empresas se sujetaran a los precios internacionales de mercado en el costo de las tarifas por transportación del gas, rublo en el que CARSO Energy de Carlos Slim se servía con la cuchara grande.

Con todo lo que representa el ahorro para la CFE en esta renegociación, dado que se trata de una cifra considerable, no es lo más importante. Lo relevante es que el Estado mexicano ganó un espacio que había sido abandonado en las últimas décadas y volvió a reposicionar su responsabilidad constitucional en la conducción de los asuntos económicos de la nación. El Estado ejerció la facultad de pintarle una raya a los corporativos privados y los llevó al terreno de la cooperación, limitándoles sus exorbitantes ganancias para poder beneficiar así a las pequeñas y medianas industrias que ahora podrán disponer de un gas a precio más bajo.

Hay que recordar que el Estado, no es un sector de la economía, cuya conducta se somete a una horizontalidad regida por los negocios. En el Estado se deposita la responsabilidad de hacer valer el bienestar general y de coordinar los esfuerzos individuales y sociales para lograr los beneficios más amplios. Un atisbo de estos propósitos se dejó ver en esta renegociación contractual, lograda por el director de la CFE, con los corporativos privados que ya se habían acostumbrado a ser los propietarios del gobierno.

La adhesión y reconocimiento del empresariado nacional a la gestión de Bartlett en este episodio, reduce la capacidad de presión de los oligopolios económicos y financieros que con sus prácticas depredadoras han impedido el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas. Su histeria contra el director de la CFE, se podría incrementar con todo tipo de infundios y con el uso de un periodismo venial.