La guerra sucia pasa a ser guerra de imbecilidades

La guerra sucia pasa a ser guerra de imbecilidades

Carlos MONCADA OCHOA    Ricardo Anaya y socios resolvieron dar a la guerra sucia otra modalidad, que la convierte en guerra de imbecilidades. La pr

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Carlos MONCADA OCHOA

   Ricardo Anaya y socios resolvieron dar a la guerra sucia otra modalidad, que la convierte en guerra de imbecilidades. La primera reacción de comentaristas serios de medios nacionales, cuando oyeron decir a los panistas que AMLO y Peña Nieto habían firmado un pacto, fue reírse y burlarse de la versión.

  Pero los panistas y gatos que los siguen han insistido en que hay un pacto mediante el cual AMLO ha prometido a Peña que no procederá contra él por los delitos que ha cometido, y se da por entendido  que Peña, a cambio, no tratará de judicializar el resultado de los comicios. A esta babosada se adhirió Jorge Castañeda, colaborador de Anaya. ¿En qué la fundamenta? En lo que ha dicho, contestó, López Obrador. Es decir, Castañeda se apoya en su propia calenturienta imaginación.

   ¿Cómo le harían Peña y AMLO para pactar si no se les ha visto juntos? Deben haber salido disfrazados, una noche, tal vez una madrugada, y deben haberse puesto a conferenciar en una pulquería de barrio para no ser reconocidos. Y como es absurdo esperar que Anaya y socios muestren la copia de un pacto escrito, ¿cómo le harían para signar el pacto? Después de haber enunciado en voz alta los términos del pacto, ¿chocarían las palmas de las manos o enlazarían los dedos meñiques y exclamarían al mismo tiempo: ¡chin, chin el que se raje?

  Imbecilidades, señores y señoras.

  ¿Alguien puede imaginar al Presidente (de hecho, a cualquier Presidente) reconociendo ante su enemigo que ha violado la Ley y pidiéndole, por favor, que no vaya a consignarlo?

  Sí, hay algunos que se lo pueden imaginar: los imbéciles. Por eso digo que ahora es campaña de imbecilidades.

 

¿CELEBRAR EL DÍA DE LA LIBERTAD DE PRENSA?

  Todavía el Siglo pasado se celebraba el Día de la Libertad de Prensa el 7 de junio. Está consagrada en el artículo 7º de la Constitución. Cuando las radiodifusoras comenzaron a hacer periodismo presionaron para que se llamara Día de la Libertad de Expresión para que nos abarcara a todos, aunque así el concepto libertad de expresión se amplía a cualquier loquito que se ponga a echar discursos en el parque, aunque no sea periodista de prensa escrita ni de radio o televisión.

  Un día nos desayunamos con la noticia de que los periodistas teníamos un santo protector y movieron el día en el calendario (creo que para enero, sin asegurarlo). No es un santo que nos proteja a todos pues con frecuencia asesinan colegas sin que el santo lo advierta.

  Hace unos dos meses recibí, como otros periodistas, una felicitación. ¡Resulta que hay una tercera fecha de conmemoración! Fue el colmo.

  Si no estoy equivocado, el 7 de junio se estableció como Día de la Libertad de Prensa en el sexenio del presidente Miguel Alemán. A partir de entonces, cada año el jefe del Ejecutivo Federal se reunía con los propietarios y directores de periódicos y revistas. A mí me tocó asistir a una comida con Carlos Salinas cuando era director de “Impacto” (cuando era director yo, no Salinas). En las entidades federativas, los gobernadores se reunían en forma similar, con los periodistas locales.

  Todo eso quedó atrás. Ayer sólo se acordó de la fecha un diputado de la Comisión Permanente del Congreso. Pero no hubo fiesta. Opino que no debemos volver a festejar ninguno de los tres días, mientras sigan asesinando compañeros.

 

carlosomoncada@gmail.com