La contienda electoral apunta a pleito callejero

La contienda electoral apunta a pleito callejero

Carlos MONCADA OCHOA Tan serio que se veía el señor Meade, candidato del PRI. Y nos ha resultado un peleonero y valentón. Llegó al barrio con ínful

¿Por qué no dicen la verdad sobre el fuero en lugar de prometer y prometer?
Los primeros cuatro aspirantes a Rector, en la pasarela
Antes de votar, recordar: el peso (y los Pesos) del pasado

Carlos MONCADA OCHOA

Tan serio que se veía el señor Meade, candidato del PRI. Y nos ha resultado un peleonero y valentón. Llegó al barrio con ínfulas de muy fregón, pero pronto se dio cuenta de que había dos muchachos que estaban preparados para darle, si era el caso, una buena repasada. Y se puso a pensar cómo superarlos pero de manera de no salir dañado.

Sucedió como en el box, cuando el colero (“colero”, dije) quiere subir a la cumbre por la vía más rápida y, a gritos, reta al campeón. Nadie le hace caso, pues ¿a quién va a gustar una pelea entre un peso completo y un pluma que no ha librado ni un round?

Y el valentón (valiente con las palabras) sigue echando habladas: ¡Si no aceptas el reto es que no sabes defenderte! El campeón lo oye como quien oye llover. No cae en el garlito que el hablantín ha preparado para ganar prestigio a costa suya.

Así están las cosas en cuanto al reto de Meade. Lo único que a éste le preocupa es que, en un descuido, el campeón le diga que sí, que acepta el reto.

PARA VENCER AL ENEMIGO, HAY QUE CONOCERLO

Al secretario de Seguridad Adolfo García Morales le preocupa que la gente crea las cifras cuando son negativas, y no les dé crédito cuando prueban que la acción pública hace retroceder el crimen.

Esto es obvio. Si le dicen al ciudadano que en Cajeme, que ha ganado fama de violencia, los homicidios dolosos bajaron en más del 50 por ciento en los dos primeros meses del año, en relación a los mismos meses del año pasado, y de pronto se entera de que han matado al amigo de un compadre, no enjuicia la situación integral, sino sólo con base en la muerte de una persona.

Por otro lado, agrego por cuenta de esta columna, no se toma en cuenta que la Secretaría de Seguridad está facultada para realizar estudios, asesorar, dar orientación, diseñar programas para combatir los factores de riesgo (situaciones que hacen caer a los jóvenes en el consumo de drogas, niños sin acceso a los centros de educación, mujeres agredidas, etc), no facultades  que competen a la Fiscalía General, a jueces, a fuerzas policiacas federales o municipales.

El compareciente se mostró complacido con la aportación del legislativo: ahora las dependencias gubernamentales están obligadas a emplear en seguridad parte de su presupuesto, disparar al aire es ya figura delictiva, entre otros avances.

Punto en abono de García Morales es que no pierde la calma. Es pertinaz y le gusta la compleja tarea que tiene encomendada. Ayer compareció ante el Colectivo de Reporteros y aprovechó con habilidad cada pregunta para ir más allá de la escueta respuesta, es decir, se ocupó de todas las derivaciones del asunto planteado. Y sentó la tesis que podría denominar de responsabilidad múltiple. Atacar el delito es responsabilidad social: de padres y maestros, de las autoridades, de los que hacen las leyes y de quienes las aplican, de los religiosos y de los agnósticos, de los comunicadores (¡ya nos envolvieron!).

Una enfermedad no puede atacarse con éxito sin un buen diagnóstico previo. Hay todavía mucho trabajo por desahogar, parte de él peliagudo, como la preparación de policía cibernética que persiga delitos cometidos en el manejo de los medios cibernéticos. Habrá que actuar con delicadeza. Ahí la lleva, licenciado.

 

carlosomoncada@gmail.com