La burla del dolor ajeno solo muestra la miseria humana

La burla del dolor ajeno solo muestra la miseria humana

No importa si ese a quien vemos sufrir resulta alguien a quien podríamos catalogar como enemigo, el burlarnos del dolor de alguien más es el reflejo d

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No importa si ese a quien vemos sufrir resulta alguien a quien podríamos catalogar como enemigo, el burlarnos del dolor de alguien más es el reflejo de una pobre percepción de la vida. Si nos entendiésemos como un todo, podríamos apreciar con facilidad que aquello que padece alguien más lo padecemos nosotros mismos, que lo que le hacemos a otra persona nos lo estaos haciendo a nosotros mismos.

Así que en lo particular desconfío mucho de aquellas personas que se regocijan ante el sufrimiento de los demás, desconfío de quienes pretender aleccionar a través de la generación del dolor y de quienes toman parte de jueces sobre la vida de los demás y desde su perspectiva etiquetan el merecimiento del dolor de otro.

Si queremos evolucionar a nivel individual y grupal, debemos aprender a alimentar la bondad que se encuentra en cada uno de nosotros. Todos tenemos un lado oscuro, un lado que responde a la maldad, pero ¿qué ganamos con darle fuerza a ese lado, cargado de egoísmo, de críticas, de señalamientos, de ajusticiamientos? Ganamos fortalecer lo que debería ser acotado, estamos eclipsando la maldad, sobre la bondad.

No somos quienes para juzgar a los demás, nunca podemos andar sus pasos y quizás podamos coincidir en que hay muchas maneras de hacer las cosas y algunas personas escogen las peores, pero aun así no debemos asumir el papel de verdugos en la vida de alguien porque actúe diferente a nosotros. Cada uno hace lo que puede con los recursos que tiene y desde allí es donde debemos aplicar la empatía, la solidaridad, la compasión.

El hecho de que seamos compasivos con alguien no significa que apoyemos sus acciones, pero sí nos hace mejores seres humanos, nos hace ser parte de la solución y no del individualismo que consume el mundo.

Debemos procurar aliviar el dolor en los demás, si no podemos aliviarlo, al menos no empeorarlo y mucho menos asumir una posición burlona. Al menos como inversión consideremos que la vida tiene unos mecanismos muy curiosos para retribuirnos por nuestras acciones, por lo que, pensando en nuestra conveniencia, siempre nos saldrá mejor procurar el mayor bien posible en cada situación en la cual hagamos intervención alguna.

Si notamos que el dolor ajeno nos genera placer, quizás sea el momento de hacer una revisión profunda y sanar las heridas que se muestran a través de esa actitud. Debemos perdonar lo que duela y dejar ir todo aquello que dejó en nosotros un mal sabor. El guardar rencores, el esperar y planificar venganzas, el actuar desde la rabia y el ego, nos hará cargar con una mochila muy pesada y nos costará hacerle espacio a lo que sí nos conviene llevar a todos lados, que no es otra cosa que el amor en cualquiera de sus presentaciones.

 

Tomado de: Sara Espejo/Rincón del Tíbet