Indignación, política y fantasías en el caso de Padrés hijo

Indignación, política y fantasías en el caso de Padrés hijo

Carlos MONCADA OCHOA La liberación de Padrés hijo no debería haber sido una sorpresa puesto que estaba acusado de los dos delitos por los que su pa

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Carlos MONCADA OCHOA

La liberación de Padrés hijo no debería haber sido una sorpresa puesto que estaba acusado de los dos delitos por los que su padre había obtenido el amparo de la justicia federal. Los abogados sólo tuvieron que hacer valer en el expediente del hijo los mismos argumentos que favorecieron al ex gobernador. Lo inusual es que se haya dado la noticia bajo dos versiones; según la primera, una jueza federal consideró que no había pruebas que sustentaran los cargos y dictó el acuerdo de libertad; según la segunda, que es la versión oficial, la PGR se desistió de los cargos. El efecto es el mismo, pero a los panistas que aún siguen a su ex jefe les conviene afirmar, no que la juez actuó con base en el desistimiento sino que fue ella la que no encontró pruebas suficientes.

Si aquel día de noviembre en que le echaron el guante al ex gobernador, su junior se hubiera quedado en casa, no lo habrían detenido y quizás no habría estado en la cárcel y o se hubiera empeñado la opinión pública en que lo procesaran; pero se puso a la mano y utilizarlo como instrumento de presión fue demasiada tentación para la PGR.

Hoy, a la luz de los hechos registrados entre anteayer y ayer, la indignación se ha generalizado y las fantasías se han intensificado sobre “acuerdos en lo oscurito”, complicidades con el gobierno y suposiciones de que será inevitable que el ex gobernador y todos sus cómplices salgan también a la calle muertos de risa.

Que este asunto es político, dicen. Y es cierto, es político pues los personajes involucrados fueron servidores públicos y afectaron las finanzas del Estado, pero no es exclusivamente político; las acciones cometidas son delitos y por ello se les persigue como lo que son: delincuentes..

Hay también nociones de Derecho sencillas que por desconocimiento aumentan la indignación. Por ejemplo, obtener un amparo no significa que el individuo amparo ha quedado en libertad absoluta. Aún en libertad continúa el proceso que ha de desembocar en una sentencia. Es, entre otros casos, el del individuo apodado Pancho Platas o el de Ortiz Ciscomani.

Esta especie de psicosis que nos envuelve se debe en gran medida a la falta de información. Resulta contradictorio que en un tiempo en que se presumen tanto los funcionarios públicos de la transparencia, haya en el sector judicial tanta opacidad. Hasta hace pocos años, un buen reportero podía armar una noticia con un dato que en voz baja le confiaba el secretario del juzgado, o lo que se le escapaba al mismo juez. Ahora el mutismo de la Fiscalía Anti Corrupción es absoluto. Se escuda tras la discreción a que está obligado en favor del procesado. El fiscal hace su trabajo pero los comunicadores tenemos derecho de hacer el nuestro. Y la opinión pública tiene el derecho de ser informada.

Como ejemplo de fantasía desatada, doy el del veracruzano Javier Duarte. Se dice que cuando estaba detenido en Guatemala, el presidente Peña hizo una visita oficial a ese país y aprovechó la oportunidad para entrevistarse a escondidas con Duarte para arreglar su entrega a cambio de dejar libre a la esposa. Es absurdo creer que el Presidente, en quien están fijos mil pares de ojos durante todo el día, se fue disfrazado, o trajeron disfrazado a Duarte a su presencia, para pactar eso o cualquier otro acuerdo.

Ayer por la mañana el hombre más feliz con la libertad de Padrés hijo era el comunicador Ciro Gómez Leyva. Hace nueve meses lo defendió hasta las lágrimas. Cualquier sospecha de arreglos económicos hay que desecharla. Se ve que lo ama de veras.

Y, en serio, es enormemente difícil hacer un comentario con fundamentos jurídicos sino tiene uno acceso al expediente. Pero es también difícil aceptar que el joven Padrés, que ha vivido de cerca, desde que era niño, las chuecas maniobras que enriquecieron a su familia, sea una blanca paloma. Y como estudió Derecho, no puede declararse ignorante al respecto.

Con todo, creo que no hay que ensañarse con él, porque él no es el protagonista principal de esta sucia página de la historia sonorense. El destino de ese protagonista, su padre, es el que debe preocuparnos con absoluta prioridad, lo mismo que la exigencia de que nos devuelva los enormes recursos robados. Y hay que recuperarlos de donde estén: en las cuentas bancarias de sus hijos o en el bolso de mano de Iveth Dagnino.

 

carlosomoncada@gmail.com