Héctor Parra Enriquez: In Memoriam

Héctor Parra Enriquez: In Memoriam

Era muy común verlo todas las mañanas muy temprano, en el café del Hotel Gándara con el grupo de amigos que más frecuentaba entre ellos; Carlos Limón, Jorge Piña,Manuel Romero Gustavo Moreno, Kitazawa y en ocasiones Toño Obregón. Su plática se aderezaba con el café mañanero y los sonidos del vetusto piano mágico tocado por Joaquín Campoy

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Bulmaro Pacheco

Era muy común verlo todas las mañanas muy temprano, en el café del Hotel Gándara con el grupo de amigos que más frecuentaba entre ellos; Carlos Limón, Jorge Piña,Manuel Romero Gustavo Moreno, Kitazawa y en ocasiones Toño Obregón. Su plática se aderezaba con el café mañanero y los sonidos del vetusto piano mágico tocado por Joaquín Campoy.

Su opinión seria y documentada era respetada no solo por su enorme, experiencia, también por su impecable y respetado paso por la política y el servicio público. Y vaya que tenía experiencia. Fue impulsor de la organización sindical de los maestros por allá a principios de los años sesenta del siglo pasado. La formación de la sección 54 del SNTE no se explica sin la intervención de maestros como Ríos y Ríos, Garavito, Monge, Madero,Aragón y Parra Enriquez entre otros de esa valiosa generación. Ellos lucharon para pasar la organización de FEMS al SNTE en los gobiernos de Alvaro Obregón y  Luis Encinas Johnson.

Compartió ideas y proyectos con sus compañeros entre otros; José Abraham Mendívil Francisco López Encinas y Francisco de Paula García Corral como regidor del Ayuntamiento de Hermosillo en el período del Doctor Ramón Angel Amante de 1976 a 1979. 

Fue un combativo diputado local en la XLIX Legislatura (1979-1982) la primera del Doctor Samuel Ocaña gobernador, donde compartió escenarios con Armando López Nogales, Luis Moreno Bustamante y Candelario Nuñez Zazueta entre otros.

Ya con Don Rodolfo Félix Valdés en la gubernatura y de quien se ganó de inmediato su confianza, fue de nuevo diputado local a la LII Legislatura representando otra vez a Sahuaripa, donde compartió escenarios con Adalberto Rosas,Chayo Ruelas, Oscar Ulloa y Paco de Paula entre otros.

Incursionaría después en la administración pública como subsecretario y Secretario general de gobierno, director del Colegio de Bachilleres y al final como rector de la Universidad Tecnológica de Hermosillo que fue su último puesto antes de tramitar su jubilación.

Diestro en la política, fogueado en ambientes, sindicales, magisteriales y partidistas, además de sus estudios de profesor y licenciado en derecho abrazó la actividad política como una vocación y una profesión.

Es recordado por sus grandes contribuciones cuando se desempeñó como dirigente estatal de la CNOP primero y secretario general del CDE del PRI posteriormente. 

Tenía su propio estilo personal y político. Le enfermaba cualquier sospecha de corrupción tanto de propios como de extraños. Era radical y muy firme en sus opiniones contra los corruptos probados.

Era de carácter fuerte, pero siempre muy conciliador y partidario del diálogo. En alguna ocasión lo escuché renegar levemente de alguna responsabilidad pública; “Por la ingratitud dominante en el servicio público, y lo poco valorado que es el servidor profesional que deja hasta la salud—tarde me enteré que era su caso— en  su afán por resolver problemas”. Tenía una concepción sensorial del tiempo. Nunca usó reloj y sabía como pocos la hora del día, con solo observar los movimientos del sol. Su austeridad la llevaba a extremos en la utilización de su propio teléfono, su alimentación, sus carros y su forma de vestir con enorme sencillez, sin poses ni presunciones.

Sus virtudes fueron conocidas por tirios y troyanos: Serenidad, carácter, honradez, verticalidad, muy organizado y reflexivo para las cosas importantes de la vida. Aficionado a la lectura y al debate político nunca rehuyó tema alguno tanto en público como en privado. Nunca cayó en la provocación.

Ese era el Héctor Parra Enriquez que conocimos y que hoy consternados por su muerte— la muerte de los cercanos, ese gran misterio— ayer martes 27 de noviembre, ha sorprendido a la gran legión de amigos que el profesor Parra supo hacer a lo largo de su fructífera vida.

Y no ha sido en vano. Se trata de la ausencia de un gran amigo, un servidor público ejemplar, un político profesional honesto y capaz, referente siempre del buen militante partidista, y a quien se puede presumir en todos los foros sin regateos, sobre todo cuando esas mentes de corta e interesada visión política—en su crítica despiadada contra los políticos, tratan de generalizar —metiendo a todos los practicantes del oficio en el mismo saco—, olvidado la sentencia Orteguiana sobre el “hombre y su circunstancia”, esa circunstancia que en Héctor Parra fue una desafío permanente de acción, imaginación y nobleza que ya empezamos a extrañar. 

Descanse en paz el gran amigo Hector Parra Enriquez.

A Consuelo su esposa y a sus hijos; Héctor, Víctor,Jorge y Oscar. Nuestras sentidas condolencias.

 

bulmarop@gmail.com