El TMEC; todos de fiesta

El TMEC; todos de fiesta

Como dice el poeta español, hay fiestas en las que el noble y el villano se hablan y se dan la mano. Así ocurrió con la firma del rebautizado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al que le adjudicaron el nombre de Tratado México Estados Unidos Canada (TMEC)

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Por Alberto Vizcarra Ozuna

Como dice el poeta español, hay fiestas en las que  el noble y el villano se hablan y se dan la mano. Así ocurrió con la firma del rebautizado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al que le adjudicaron el nombre de Tratado México Estados Unidos Canada (TMEC). El nuevo nombre no cambia los postulados fundamentales y axiomas del TLCAN, aquel que colocaría al ex presidente Carlos Salinas –ante el auditorio emergente del neoliberalismo- como el estadista de alcances mundiales, cuando signó este acuerdo, en diciembre de 1993, con el presidente George Bush de los Estados Unidos y Brian Mulroney de Canadá. 

Los abundantes beneficios que se le imputaron a la firma de este tratado, hace 26 años, no son menores que los que se le conceden ahora. El rótulo con el que iniciamos la inserción al denominado bloque económico de América del Norte fue: México ingresará al primer mundo. Entonces hubo fiesta en el ámbito de los tres gobiernos firmantes, pero ahora el júbilo mayor es en el gobierno de México, pues en 1993 no fueron pocas las voces de economistas nacionales, líderes políticos y círculos académicos, que con fundados argumentos advirtieron que los axiomas de dicho tratado caminarían en contra del desarrollo y del crecimiento económico de México, además de las visibles protestas –en contra de su firma- de sectores productivos nacionales, especialmente los vinculados a la producción de granos básicos.

Algunos segmentos de la izquierda mexicana, sin sostener alternativas a esa firma –y sin defender una política industrial para el país- lo criticaban fuertemente con cargadas arengas ideológicas y con pocos razonamientos. En esos círculos ya hacía presencia Andrés Manuel López Obrador, como dirigente del PRD, quien tampoco escatimó ataques y cuestionamientos a las políticas de Salinas y a la firma del mencionado tratado comercial. Se identificaba entonces, correctamente, que dichos acuerdos comerciales, eran la columna vertebral y los candados que ataban a México al modelo económico neoliberal.

Y en efecto, las abundancias prometidas por el tratado, no llegaron. El vagón de México remolcado por ese ferrocarril, recibió la peor carga: la inversión prometida, que supuestamente llegaría en abundancia motivada por la desregulación económica y financiera del tratado, no se cumplió; lo que ocurrió es una toma y adquisición voraz de activos nacionales que terminaron de debilitar al mercado interno e imponerle al país una tasa mediocre de crecimiento que ya va para tres décadas. 

Acaso el peor  saldo para México de dicho tratado, fue el éxodo de más veinte millones de mexicanos que se vieron obligados a emigrar a los Estados Unidos, resultado del abandono del propósito agroindustrializador que se requiere. En sustitución a ello, recibimos el elogio de que nuestra ventaja competitiva en la ecuación comercial, era la oferta de nuestra mano de obra barata y nos maquilizaron. Se deformó el rostro de la economía nacional, el desempleo creció, se trastocó la dinámica social y la plaga del narcotráfico se exponenció, junto a su secuela de muerte y terror.

El diablo nunca ofrece el infierno como recompensa y el propósito de ese tratado nunca fue –ni es ahora- desarrollar a las economías firmantes, sino asegurar con un deterioro severo de las actividades productivas e  infraestructurales de dichas economías, el bombeo de flujos de liquides a un sistema financiero internacional cuya crecimiento especulativo es un barril sin fondo donde sucumben las economías nacionales.

Las inconsistencias intelectuales del presidente lo están llevando al callejón de la desventura económica. Días previos a la ceremonia que formalizó la firma del TMEC y después de cerrar un año de gobierno con cero crecimiento económico, se realizó en la cotidiana conferencia mañanera la reunión con el Consejo Coordinador Empresarial y otros membretes de esa condición, capitaneados por el principal beneficiario mexicano  de la desregulación económica y la firma de los acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos y Canadá: Carlos Slim.

Todos ellos, en el mar de la incertidumbre económica nacional, organizan la fiesta y el coro de nobles y villanos lo celebra, cuando lo que se le entrega al presidente, con la firma del TMEC, es un salvavidas desinflado.