¡El perdón! ¿Desde cuándo no tocaba un Presidente lo humanitario?

¡El perdón! ¿Desde cuándo no tocaba un Presidente lo humanitario?

Carlos MONCADA OCHOA    En cuanto se inició ayer el Foro de Ciudad Juárez, primero de varios que se llevarán al cabo para escuchar a los ciudadanos

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Carlos MONCADA OCHOA

   En cuanto se inició ayer el Foro de Ciudad Juárez, primero de varios que se llevarán al cabo para escuchar a los ciudadanos en materia de seguridad, sobre todo a los que han sido víctimas de la violencia, comprendió la Nación que el presidente electo camina cuesta arriba.

  En lugar de las ovaciones con que se recibía antes al nuevo mandatario, rodeado de una multitud de acarreados, ahora fue acogido con gritos furiosos de las víctimas y familiares de las víctimas, que quieren cobrarse la sangre derramada con la sangre de los criminales.

  Era el escenario apropiado para que un demagogo estremeciera a la gente con ardorosas promesas de venganza. En cambio, AMLO se declaró de acuerdo con los que rechazan olvidar, y recomendó con firme convencimiento, el perdón.

  Difícil pronunciar la breve palabra ante padres y madres, hermanos e hijos, esposas y parientes de quienes fueron asesinados, y viven en el rabioso sueño de tener a la mano a los culpables y tratarlos con igual crueldad. Sin  embargo, tenía que hacerlo para sostener lo que, aunque nos pese, es verdad: la violencia no se combate con la violencia.

  Öjo por ojo y diente por diente, le gritaron. ¿A dónde nos conducirá eso?

  No se trata de otorgar el perdón a todo el mundo y cruzarse de brazos, sino darlo a quien lo merezca y no esté acusado de delitos graves. El casi secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, lo aclaró. Yo agregaría que se trata también de castigar en la medida que lo permita la ley, pero sin odio.

  En  meses recientes, algunos candidatos, para justificar la petición de votos, dijeron y repitieron aquí, en Sonora, sin el pudor mínimo, que de resultar electos mantendrían a los ladrones en la cárcel el mayor tiempo posible. Y un imbécil que quería ser presidente de la República propuso que les cortaran las manos. La más escalofriante violencia en labios de quienes aspiraban a gobernar.

  No es posible suprimir por completo la violencia que autoriza la ley, por ejemplo, para que los guardianes de la ley defiendan sus vidas y las de los ciudadanos, pero siempre queda espacio para el perdón. Tampoco ha de esperarse que la palabra sea respondida con ecos de comprensión. Pero está dicha ante miles de testigos y grabada para mantenerla como divisa. Olvido, no; perdón, sí.

  El presidente electo camina cuesta arriba. El periodista José Cárdenas, urgido de encontrar “la de ocho” (la nota principal, en la jerga de los reporteros), antes de que el foro terminara, criticaba: ¡Pero no se han planteado propuestas!

  En primer lugar, se ha comenzado por escuchar a las víctimas; en segundo, ¿qué esperaba? ¿Qué dijeran cuántos miles de soldados más enviarían a la lucha, cuántos rifles, cuántos helicópteros, cuántas balas se dispararían para masacrar a los delincuentes y, de una vez, a los sospechosos de ser delincuentes?

carlosomoncada@gmail.com