El lamento político de mamá Iveth

El lamento político de mamá Iveth

Carlos MONCADA OCHOA Aunque el marido o el hijo a quienes defiende una madre sean alimañas sin remedio que dañan a la sociedad, uno, el simple ciud

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moncadaCarlos MONCADA OCHOA

Aunque el marido o el hijo a quienes defiende una madre sean alimañas sin remedio que dañan a la sociedad, uno, el simple ciudadano, no deja de respetar la pena de esa madre. Y aunque uno esté consciente, por el hedor a pixto que despide la mujer, de que busca apoyo con un propósito interesado, y que tal vez ella misma no es un modelo de decencia, se ablanda y le concede el beneficio de la duda.

Iveth Dañino hizo un desafinado tango ayer en Telefórmula (en el programa de Ciro Gómez Leyva, por supuesto), y calificó de injusto el auto de formal prisión contra su hijo que es, afirmó, un joven íntegro. Añadió que tiene miedo por sus otros cuatro hijos, tres de ellos mayores de edad.

Para contrarrestar el miedo hay que hacerse de ánimos, y muchos necesita doña Iveth porque su marido y su hijo son apenas los primeros de la lista. Siguen sus otros cuñados (al frente, Miguel, que es el peor de los peores), sus hermanos, algunos primos y compadres. Y ¡qué triste es decirlo, pero ella lo sabe bien!, ella misma, doña Iveth, implicada en el tráfico de bebés y sin duda conocedoras de otros graves trafiques.

(Entraban a la casa de gobierno con maletas llenas de dinero, contó Gisela Peraza).

Sabe bien que las lágrimas no conmueven a los jueces –y menos cuando son lágrimas de cocodrilo, o de cocodrila–, que han visto y oído muchos tangos similares, porque hace siglos terminaron las historias de la dama que se arroja a los pies del rey para suplicarle perdón para el amado. Las leyes ahora están ahí, inmutables, y los ciudadanos vigilantes para que no se haga a sus espaldas una negociación vergonzante, a menos que la negociación consista en que paguen lo robado.

Y si lo sabe, ¿para qué el teatro? Lo hace con dos propósitos: primero, para intentar el desprestigio de quienes aplican la ley, y segundo, para autoprotegerse. Confía en que los jueces, conmovidos, se dirán: ya le quitamos el marido y un hijo a esta pobre mujer; y nos faltan sus cuñados y hermanos. Dejémosla en paz aunque también tiene su historia.

Una vieja historia, por cierto. Guillermo y Miguel Padrés, para no pagar los casi Dos Millones de Dólares que deben al Bank Hapoalim BM de Israel, donaron los bienes susceptibles de ser embargados por los acreedores, a sus hijos menores de edad Guillermo Padrés Dagnino (hoy en la cárcel) y Miguel Padrés Molina, respectivamente. Urdieron el fraude el 16 de mayo de 2006 y se les autorizó la escritura en 2008.

Los intentos por hacerlos pagar el adeudo por las buenas fueron inútiles, por lo que el banco contrató un despacho de abogados sonorenses para que los demandara ejercitando la acción pauliana (contra este tipo de fraudes). Lo hicieron cuando el recluso Guillermo Padrés estaba en campaña para gobernador, listo para dar cuenta de un botín más suculento.

¿Pueden ser ciudadanos íntegros aquellos a quienes los padres enseñan, desde niños, a pisotear el Derecho?

carlosomoncada@gmail.com