El agua no es un recurso finito

El agua no es un recurso finito

Una de las principales conclusiones del Foro Para la Construcción de una Ley General de Aguas, realizado el martes 6 de agosto en Ciudad Obregón Sonora, convocado por la Comisión de Recursos Hidráulicos de la Cámara de Diputados y por los Distritos de Riego del Río Yaqui y Mayo

De la “austeridad republicana” a la austeridad draconiana
Sin crecimiento económico, no hay desarrollo
¿Se convencieron de que el mal no es negocio?

Por Alberto Vizcarra Ozuna

Una de las principales conclusiones del Foro Para la Construcción de una  Ley General de Aguas, realizado el martes 6 de agosto en Ciudad Obregón Sonora, convocado por la Comisión de Recursos Hidráulicos de la Cámara de Diputados y por los Distritos de Riego del Río Yaqui y Mayo,  fue demandar la modificación al artículo 14 bis 5, en el que se estipula que el agua es un recurso finito. Se consideró que ajustar los criterios administrativos a la concepción axiomática de la finitud del recurso infiere en principio que nos tenemos que sujetar solo al agua disponible y por lo mismo a aceptar por adelantado que el crecimiento económico y la producción de alimentos estarán inscritos en un horizonte limitado.

Desde que se creó la Ley de Aguas Nacionales en 1992 y las reformas que se le hicieron en el 2004, con este criterio normado por la finitud del recurso, las autoridades responsables del manejo y gestión del agua, esto es CONAGUA y SEMARNAT, se abocaron solo a la administración del agua disponible y renunciaron a la gestión de más agua, juzgando financieramente inviables los grandes proyectos de infraestructura para el manejo de mayores volúmenes del vital líquido, como el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO), sobre la costa del pacífico y el Plan Hidráulico del Golfo Norte (PLHIGON), sobre la costa del Golfo de México. También renunciaron a sistematizar la desalación de agua de mar en las regiones y ciudades costeras del país que le pudiera incorporar nuevos volúmenes de agua a la masa continental para disminuir la tensión hídrica que padecen la mayoría de las cuencas hidrológicas del país.

Se señaló que la  ausencia de una política de gestión de más agua que por tres décadas ha afectado al país, entró a una fase crítica que plantea un reto formidable. Durante todo este tiempo los requerimientos del insumo se han incrementado significativamente, como resultado de que la población creció en más de un cincuenta por ciento y con ello todas las necesidades de consumo, crecimiento económico y de servicios que el hecho reclama. El viejo reto es que México resuelva por medio de la ingeniería, con los proyectos como el PLHINO y el PLHIGON, su asimetría hidrológica para hacer posible que se aprovechen los importantes volúmenes que en el sur-sureste del país retornan al mar y puedan ser trasvasados a las regiones semidesérticas del norte de México. 

Es demostrable, se dijo, que de las precipitaciones pluviales que históricamente ha registrado el territorio nacional, por el orden de los 1500 Km3 anuales, solamente se aprovecha una tercera parte. Se tiene un potencial importante de almacenamiento para el manejo de mayores volúmenes del recurso que permitirían fortalecer y ampliar significativamente la frontera agrícola para aspirar realmente a la autosuficiencia alimentaria. Cabe señalar, que la ampliación de la frontera agrícola, significa también la masificación sistemática de áreas verdes que contribuirían a intensificar la atmósfera de humedad y coadyuvar al robustecimiento de los ciclos hidrológicos para la generación de mayores y más abundantes lluvias.

Para el caso, en las mesas de análisis y discusión que se instalaron en el Foro, se mencionaron los ejemplos de los grandes proyectos de infraestructura hidráulica realizados por países como China y los portentosos avances de países como Israel quien lleva la vanguardia en la tecnología de la desalación de agua de mar y en demostrarle al mundo que las sociedades no deben ser condenadas por la escasez de agua, cuando existe la tecnología para manufacturar el recurso y testimoniar con ello que no es finito.

Establecer estas nuevas premisas conceptuales que gobiernen la nueva ley de aguas nacionales y su eventual articulado, es de importancia definitiva y estratégica. El imperativo de colocarnos en perspectiva de la autosuficiencia alimentaria, reclama mayores volúmenes de agua, única forma de salir de la trampa y de los conflictos que ocasiona la idea de quitarle agua a la agricultura para darle al consumo humano. Disyuntiva falsa, porque ninguna sociedad debe de ser condenada a decidir si muere de sed o de hambre