¿Dónde vi algo igual a lo de Meade, dónde, dónde? ¡Ah, sí! ¡Cuidado!

¿Dónde vi algo igual a lo de Meade, dónde, dónde? ¡Ah, sí! ¡Cuidado!

Carlos MONCADA OCHOA Ya habíamos visto en Sonora algo muy parecido a lo que le pasa al señor Meade, el caso de un candidato producto de brutal deda

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Carlos MONCADA OCHOA

Ya habíamos visto en Sonora algo muy parecido a lo que le pasa al señor Meade, el caso de un candidato producto de brutal dedazo, que por más dinero que le mete a la campaña no prende.

Los lectores de alrededor de cincuenta años deben acordarse del ingeniero Rodolfo Félix Valdés en 1985. Había varios sonorenses preparados para ser buenos candidatos a gobernador, y de golpe y porrazo nos recetaron a Félix Valdés, nacido en Nacozari, alumno de tercer año en Cajeme, a quien sus padres se llevaron a la Ciudad de México y jamás volvió por aquí.

Es decir, vino una vez como subsecretario de Comunicaciones a supervisar una obra y otra vez acompañando al candidato a la Presidencia Miguel de la Madrid. ¡Y ése fue el escogido! Los buenos priistas, que apechugan a quien le pongan desde Los pinos, le abrieron cancha. Ya que pudieron cerrar la boca, abierta por la sorpresa, comenzaron a repetir que no había otro mejor en el mundo.

Y Félix iba por aquí, por allá, sin despertar el interés de la gente porque la gente ya tenía candidato: Adalberto el Pelón Rosas. Los chistes menudeaban sobre todo por el desconocimiento del ingeniero de las expresiones sonorenses (el de “a papuchi” es mi preferido)..

Meade, como Félix Valdés, se expresaba con corrección pero sin entusiasmo, como que no era capaz de una emoción. Ni siquiera le ponía sabor a los discursos literarios que le escribía el profesor Ernesto “Venadito” López Riesgo. Adalberto, mientras tanto, era un ciclón que levantaba todos los ánimos y las esperanzas.

Sin embargo, Félix Valdés ganó la elección, y no solamente la suya sino la de los diputados y presidentes municipales del PRI. ¿Cuántas de esas elecciones ganó? ¡Todas, señores, TODAS!

El atropello fue del cien por ciento. Los sonorenses, paralizados, ni las manos metieron. Ahora que, aunque aquello sucedió hace 33 años, la enseñanza que dejó no es para desaprovecharse. El gigantesco fraude electoral nos impuso a un gobernador. ¡Cuidado! Que no nos vayan a imponer, con otro fraude electoral gigantesco, a un Presidente!

 

¿LEGISLAR PARA QUE SE HAGA LO QUE YA SE HACE?

No puedo precisar cuánto hace, pero cuando menos hará diez o doce años, que las autoridades electorales permiten que, junto a la fila de votantes ante las urnas, se forme otra fila de hombres y mujeres de la tercera edad para que cumplan su deber y vuelvan pronto a casa..

Además de escoger, para instalar las mesas, sitios alejados de donde se ve propaganda política, se fijan en sitios arbolados donde los votantes no reciban el sol de lleno. Y entre los ciudadanos encargados de las casillas no faltan los veteranos que llevan su provisión de agua y refrescos fríos, además de termos con café, para librar el calor y la fatiga.

Y a la diputada Brenda Jaime se le ocurre presentar a sus compañeros del Congreso la propuesta de un punto de acuerdo para que se pida al órgano electoral que el día de los comicios haga… ¡lo que ya se hace!

Que las temperaturas altas no propicien que los ciudadanos no salgan a votar es el fin de la propuesta, dice el boletín oficial. No se hagan. Los que no van a votar no es por miedo al calor, sino por resentimiento social, decepción porque a veces no ganan los que debieron ganar, ganas de desquitarse. Sobre eso hace falta, por parte de los ciudadanos, un punto de acuerdo.

 

carlosomoncada@gmail.com