Derrota moral y desafío histórico

Derrota moral y desafío histórico

El presidente Andrés Manuel López Obrador, no es un gigante, pero se ve grande porque la oposición a su gobierno es muy pequeña

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Por Alberto Vizcarra Ozuna

El presidente Andrés Manuel López Obrador, no es un gigante, pero se ve grande porque la oposición a su gobierno es muy pequeña. Sin embargo, en el ejercicio del estadismo al presidente no se le debe medir con relación a la mediocridad de sus detractores, sino frente a los desafíos que la realidad nacional plantea. Una vez establecida esta métrica podemos ver al presidente en su justa dimensión, y entender que si bien la oposición está sumida en una derrota moral, el gobierno emite señales de no alcanzar el tamaño para verdaderamente emprender el desmantelamiento estructural de un modelo económico que por más de tres décadas le impidió al país su desarrollo agroindustrial soberano.

No se puso lejos de la verdad, López Obrador, cuando en el informe presidencial, señaló que percibe a sus adversarios moralmente derrotados. La derrota moral deriva de que la oposición no ha terminado de comprender a cabalidad el fenómeno de masas que se registró el primero de julio: Referéndum social apabullante de rechazo a los resultados de una política económica que propició –por décadas- el estancamiento económico con su secuela de desempleo, pobreza, hambre y violencia. Una nación sometida y conformada a los intereses del capitalismo financiero internacional que convirtió a México en un paraíso de la corrupción y el narcotráfico. Las críticas de la oposición a López Obrador, llevan consigo la demanda implícita de que se conserven las políticas que condujeron al desastre.

La ironía que podría ser trágica, es que el presidente, siendo el principal detractor discursivo del neoliberalismo, es al mismo tiempo el defensor de los criterios macroeconómicos que se desprenden del mismo. Lo reiteró con mucho acento en el reciente informe presidencial, al afirmar que se mantendrán intocados los dogmas que durante los últimos treinta años le han impedido al estado instrumentar acciones contra cíclicas y anti restrictivas para hacer posible que el gasto público recobre su condición de factor de arrastre en el crecimiento y desarrollo económico. Afirmó que se mantendrá una política económica con finanzas públicas equilibradas, no deficitarias, “es decir no se gastará mas de lo que ingresa a la hacienda pública”.

Al mismo tiempo reiteró su fidelidad a la autonomía del Banco de México y a la política monetaria restrictiva del mismo que se ocupa de controlar la inflación sin importarle el crecimiento de la economía nacional. Se despoja así a la nación de la capacidad soberana en el crédito y se le deja a la expectativa de los inversionistas extranjeros que pudieran mostrar interés en hacer negocios en México. Lo mismo que se ha hecho durante los últimos treinta años y que ha demostrado su fracaso.

En el mismo informe, el presidente manifiesta su beneplácito por la ya próxima firma del nuevo tratado de libre comercio, ahora llamado Tratado México-Estados Unidos-Canda (TEMEC); otra estructura del modelo económico neoliberal, en la que México ha tenido los peores saldos. Uno de ellos es la descomunal dependencia alimentaria en granos básicos. Sostener este acuerdo en los términos en que se ha mantenido desde mediados de los años noventa, hace imposible que el país reduzca su dependencia alimentaria y menos si la política de precios de  garantía al campo se limita solo a las regiones de autoconsumo y se deja por fuera a las regiones del país ubicadas en los distritos de riego y que tienen realmente la capacidad instalada para responder al cometido de la autosuficiencia alimentaria.

Es evidente que el desafío de López Obrador, no es la oposición. El desafío es la historia y la realidad. Si el presidente emprende acciones en el ámbito interno y externo que realmente desmonten las estructuras del modelo económico neoliberal, se pondrá a salvo de acompañar a los que ahora se agrupan en las filas de la derrota moral.