Deja de querer cargar el mundo sobre tus hombros

Deja de querer cargar el mundo sobre tus hombros

Si bien es cierto que existe una satisfacción especial en dar y cuidar a los demás, también es cierto que debemos aprender a establecer límites y cuidarnos a nosotros mismos

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Si bien es cierto que existe una satisfacción especial en dar y cuidar a los demás, también es cierto que debemos aprender a establecer límites y cuidarnos a nosotros mismos.

Hay cosas que no podemos evitar, tampoco podemos proteger a todos del dolor, ni podemos colocar a todos por encima de nosotros mismos procurando su bienestar a costa del nuestro. A cada quien la toca vivir sus propias pruebas, el querer atravesarlas todas nosotros, solo vuelve a los demás más frágiles, más dependientes y les limita conocer sus recursos y saber hasta dónde son capaces de llegar por sus propios medios.

No podemos descuidar nuestra propia vida, por hacerle más sencilla la de los demás, ni siquiera si se trata de nuestros hijos, nuestros esposos, nuestros padres, nuestros jefes, nada que nos coloque en una situación de malestar debe justificarse. Debemos buscar el equilibrio entre lo que podemos dar y lo que nos damos a nosotros mismos, teniendo al menos el mismo amor y consideración por nosotros que el que sentimos por nuestros afectos.

Nadie es indispensable en la vida de nadie, a veces nos gusta pensar que el mundo deja de girar si nosotros no estamos, que la casa se cae de no ser por nosotros, que aquel perdería su trabajo, o el otro no llegaría a alcanzar sus sueños de no ser por nuestra participación, pero la realidad es que todos tenemos una capacidad inimaginable de satisfacer nuestras necesidades bien sea por nuestros medios o buscando un reemplazo a una posición desocupada.

Quizás nos parezca hermoso que nos recuerden por haber sacrificado nuestra vida por complacer y ayudar a otros, pero si eso representó el sacrificio de vivir nuestra propia vida, lo más seguro es que termine por pesarnos y por lo general esto ocurre cuando ya ha transcurrido la mayor parte de nuestras vidas o cuando nos damos cuenta de que la ingratitud ocupa lugares que deberían ser propios del agradecimiento.

Comienza por amarte a ti y desde allí podrás amar a los demás de forma sana, sin descuidarte, sin herirte, sin anularte. Quienes realmente te aman seguro estarán más satisfechos teniéndote a ti plenamente, que solo viendo las sobras de un ser humano, que se acostumbró a dar tanto, que se quedé en deuda con sí mismo.

El amor no es sacrificio, el amor es una energía que nutre, que alimenta, que cuida y que debe comenzar por nosotros mismos.

Tomado de: Sara Espejo/Rincón del Tibet.com