De vez en cuando lo mejor es cerrar los ojos y respirar profundo

De vez en cuando lo mejor es cerrar los ojos y respirar profundo

Todos atravesamos momentos difíciles alguna vez en la vida, situaciones, decisiones, circunstancias en las cuales nos sentimos agobiados o no nos sentimos capaces de continuar con el mismo ímpetu

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Todos atravesamos momentos difíciles alguna vez en la vida, situaciones, decisiones, circunstancias en las cuales nos sentimos agobiados o no nos sentimos capaces de continuar con el mismo ímpetu.

Lo mismo ocurre con la versión contraria, hay momentos de tal éxito y algarabía, que también es necesario y bastante útil, tomarse un segundo cerrar los ojos y respirar profundo antes de avanzar, especialmente cuando las decisiones que tomamos afectan nuestro entorno.

Momentos de rabia, de desilusión, cuando recibimos actitudes de personas que amamos, cuando somos víctimas de la injusticia del hombre, cuando nos quedamos sin espacio, cuando nuestros pensamientos bloquean nuestra mente y lo que nos provoca es huir o simplemente desaparecer, es el mejor momento para cerrar los ojos y permitir que el oxígeno despeje nuestra vida, que nuestros pulmones se llenen de una nueva energía y que podamos siempre tomar la acción y la decisión correcta.

Aunque no seamos conscientes de ello, un instante de serenidad en un momento de agobio, puede dar un rumbo completamente distinto a nuestra vida, si tomamos decisiones dejándonos llevar por las emociones y especialmente estas emociones son de rabia, de dolor y de resentimiento, nuestro camino siempre tomará un sentido triste, de amargura y de sentirnos víctimas ante todo lo que ocurre en nuestro entorno, sin embargo, si por amor a nosotros mismos nos damos el espacio de recapacitar, ese segundo de silencio en el cual sencillamente no somos presa de las emociones de los demás, podremos observar lo diferente que resultan las cosas.

No tienen que ser situaciones trascendentales, las cuales evidentemente forman parte de nuestra vida, podemos ponerlo en práctica incluso con las cosas más sutiles, el ejemplo más común son las relaciones de pareja, en las cuales las discusiones terminan siempre en rupturas, pérdidas, pleitos y ofensas que se graban en el alma de ambas partes, porque sencillamente somos acción y reacción inmediata a lo que recibimos de los demás y respondemos de la misma manera.

También ocurre cuando recibimos noticias, si son dolorosas pues peor la reacción y si son emotivas muchas veces no medimos nuestras reacciones y no consideramos a quienes tenemos alrededor, cuando se trata de los hijos, cuando se trata de la familia y de los seres a los cuales amamos y que realmente nos importan, es cuando más necesitamos controlar nuestras emociones, cuando más necesitamos ser dueños de nosotros mismos y dominar nuestros instintos, pues no podemos juzgar las cosas a simple vista, no podemos sentirnos completamente vencedores o completamente perdidos ante una circunstancia en la vida que suele ser momentánea.

Si en la vida realmente hay tiempo para todo y todo depende de nuestras propias elecciones, de nuestro libre albedrío, de nuestras decisiones, entonces seamos capaces de tomarnos el tiempo de cerrar los ojos y respirar profundo ante el escenario de nuestra propia vida, este segundo de retiro, este momento de aislarnos de la situación en general que nos acompaña en un momento determinado, nos permitirá ver las cosas con mayor claridad, permitirá que nuestras emociones se asienten y dar siempre el mejor paso.

Por: Marvi Martínez, tomado del rincón del tibet.com