De acuerdo con que supriman la ceremonia del informe, pero… PERO..

De acuerdo con que supriman la ceremonia del informe, pero… PERO..

Carlos MONCADA OCHOA Estoy de acuerdo en que se suprima el ceremonial del informe, antigua y costosa concesión a la vanidad de los gobernadores y p

Señora Gobernadora: ¡échele una mano (o las dos) a la Sociedad Sonorense de Historia!
Vida y milagros del Centro Ecológico de Sonora
¡Adiós Chanoc! ¡Adiós, Tzekub! ¡Adiós, Ramón Xirau!

Carlos MONCADA OCHOA

Estoy de acuerdo en que se suprima el ceremonial del informe, antigua y costosa concesión a la vanidad de los gobernadores y presidentes municipales. Pero no sé por qué los alcaldes se niegan a confesar el verdadero motivo.

Como todos los viejos saben, el rito lo iniciaron los presidentes de la República, a quienes imitaron los gobernadores, a quienes imitaron los presidentes municipales. Se gastaban grandes sumas de dinero pero a ninguno de los que informaban se le ocurría eliminar la ceremonia porque les ayudaba a hacerse propaganda y, consecuentemente, a continuar viviendo de la política.

Uno de los primeros en advertir, seguramente escandalizado, que el teatro comenzaba a caerse, fue el presidente Carlos Salinas pues en plena lectura le comenzaron a gritar consignas, cuchufletas y madrazos. Un diputado grandote, barbudo, se puso unas grandes orejas de cartón para chotear las de Salinas, sin imaginar que otros se burlarían a su vez de él: el reaccionario Fox.

El mal ejemplo cundió a las entidades federativas. En Sonora, el solemne, serio y formalista Rodolfo Félix Valdés daba uno de sus últimos informes en el Auditorio Cívico del Estado, acompañado por los diputados locales y de pronto, tres o cuatro de esos legisladores, de oposición, obviamente, desdoblaron las cartulinas que habían conservado ocultas en sus ropas, y exhibieron leyendas que casi infartaron no al mandatario sino a sus lambiscones: “Miente, gobernador”.

Manlio Fabio Beltrones fue el primer gobernador que suprimió la ceremonia del informe y se limitó a entregarlo al presidente en turno de la Cámara, mientras los presidentes Zedillo y Fox siguieron procediendo a la antigüita. No se resignaban a renunciar al aplauso pagado. Tampoco se habían resignado los alcaldes de Sonora, y ahora lo hace el de Hermosillo no por ahorrar dinero público –gastar en propaganda y pagar elogios es lo que menos le duele—sino por la misma razón por la que en otras esferas de poder se ha eliminado el ceremonial: por miedo a que le lastimen el orgullo los diputados y los regidores no alineados con una manta o pancarta de dura crítica, o peor que eso, con una caricatura o “meme” que haga reír a la gente.

Dicen que porque no quiere gastar dinero del presupuesto porque creen que no se vería bien explicar el motivo auténtico, pero como yo sí puedo decirlo, dicho queda.

 

AHÍ LES VAN LOS CONSEJEROS ELECTORALES. NO HAY DEVOLUCIÓN

Cuando los miembros del Consejo Estatal Electoral (hoy Instituto) eran nombrados aquí, por los diputados, era aleccionador asistir a las entrevistas con los aspirantes y escuchar sus ideas, observar sus reacciones, sus gestos, aprender de sus respuestas y medir su grado de competencia.

Como la administración federal que está por terminar ha sido campeona del centralismo y enemiga número uno del federalismo, ahora simplemente nos informan de allá, del Congreso de la Unión, que fulano, zutano y perengano serán los miembros del Instituto y no queda más que agachar la cabeza y callar las objeciones.

¿Cómo se les escoge? ¿A qué hora entrevistan a los candidatos, por cuánto tiempo, qué les preguntan? Esas no son cuestiones que a usted le importe, ciudadano, limítese a aceptar lo que allá se decida, ¡Y no murmure entre dientes! ¡Agáchese!

 

carlosomoncada@gmail.com

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