CULTURA: el gobierno debe cobrar en algunos eventos artísticos

CULTURA: el gobierno debe cobrar en algunos eventos artísticos

Carlos MONCADA OCHOA El martes por la noche estuvieron ocupadas las 550 butacas del Teatro de la Ciudad, y hasta es posible que algunas personas qu

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Carlos MONCADA OCHOA

El martes por la noche estuvieron ocupadas las 550 butacas del Teatro de la Ciudad, y hasta es posible que algunas personas que deseaban escuchar el concierto se quedaron afuera. La Filarmónica de Sonora ofreció una especie de noche de cabaret al estilo de los años cuarenta del pasado siglo, dirigida con sabor y ciencia por el maestro David Hernández Bretón.

Comenzó con la obertura de West Side Story, de Bernstein, encontró en el camino a Glenn Miller, y al final, la extraordinaria My way, y estuvieron intercaladas varias memorables piezas mexicanas como “Te quiero, dijiste”, “Piel canela”, “Nada personal” y otras. Debo un comentario a los tres jóvenes cantantes que no hago ahora porque tengo duda sobre uno de los nombres y me daré tiempo para subsanarla.

Lo que hoy debo comentar es que las quinientas o más personas que estuvieron en el concierto no pagaron. La entrada fue gratuita. Tampoco nos cobraron a quienes asistimos a las funciones de teatro de la Muestra Regional, celebrada hace unos días, ni a las de la Muestra Estatal, ni…

Realizar eventos artísticos de calidad sin cobrar es perjudicial, y voy a decirles para quién es perjudicial. Los funcionarios del gobierno se las arreglan para que los gastos recaigan en el presupuesto y le echan demagogia al asunto diciendo que la cultura debe ser gratuita o creyendo que si dejan las puertas abiertas a cuantos quieran, se formarán legiones de melómanos.

El gobierno forma públicos acostumbrados a no pagar por conciertos, funciones de teatro, de danza y ópera, y perjudica a los artistas que aspiran a vivir de su arte y se organizan en empresa y realizan eventos por los que necesitan cobrar, como cualquier otro trabajador. Pero el público gorrón no asiste en número suficiente porque se pone a esperar la función que el gobierno le dará gratis.

No se deberá caer en el extremo y fijar elevados precios de entrada, no, que la admisión tenga un costo moderado pues si no se recupera toda la inversión sino una cantidad modesta, bien, el objetivo auténtico será educar al público para que responda a los llamados posteriores de los artistas locales. Estas observaciones (¿o todas?) al funcionario por un oído les entra y por otro les sale, pero quizás un día ocurra el milagro de que el funcionario se ponga a reflexionar. Verá que reflexionar no hace daño.

 

BUENA ADQUISICION EN LA FISCALÍA

La joven periodista Clara Elena Díaz causó baja en el equipo de Cynthia García Amavizca (Larsa, 13 horas) y al preguntar por ella me enteré de que se hizo cargo de las tareas de comunicación de la Fiscalía Especializada en Materia de Delitos Electorales, lo que implica un mundo de trabajo, pero de trabajo interesante y útil.

Clarita tiene experiencia en periodismo escrito y radiofónico, es laboriosa y una publirrelacionista natural. La Fiscalía abre la puerta a un elemento que le servirá con puntualidad y lealtad.

 

¡FELICIDADES, UNIVERSIDAD!

Parece que fue anteayer cuando por primera vez llegué a la Prepa de la Universidad de Sonora el 25 de agosto de 1950. La Uni era una niña de 8 años y yo era mayor: ¡tenía 16!. Cuando entré a trabajar en Extensión Universitaria, en 1964, la Uni era una linda muchacha de 22 años; cuando me titulé licenciado en Derecho en 1969, era una bella mujer de 29 años; cuando terminé de escribir, en 2009, el quinto tomo de la Historia General de la Universidad de Sonora, era una dama pensativa de 67 años.

Hoy cumple 75 y atestiguo un hecho singular. La Universidad me ha visto envejecer y yo la encuentro en un permanente rejuvenecimiento. Esto se debe, lo sé de veras, al amor que le tengo.

carlosomoncada@gmail.com