¿Cuántos reporteros de la fuente conocían el estilo de AMLO?

¿Cuántos reporteros de la fuente conocían el estilo de AMLO?

¿Le tocaría reportear las ruedas de prensa de AMLO cuando era el jefe de gobierno de la Ciudad de México a uno de los periodistas que ahora cubren la fuente presidencial? Sospecho que a ninguno porque no parecen entender el estilo del Presidente, tal vez dentro de unos meses le encuentren el lado

No valen explicaciones sobre la violencia para salir del paso
Sin pizca de sensibilidad planeó el IEE los debates municipales
No es un sueño: se recuperarán los bienes robados a Sonora

Carlos MONCADA OCHOA

   ¿Le tocaría reportear las ruedas de prensa de AMLO cuando era el jefe de gobierno de la Ciudad de México a uno de los periodistas que ahora cubren la fuente presidencial? Sospecho que a ninguno porque no parecen entender el estilo del Presidente, tal vez dentro de unos meses le encuentren el lado.

  Cuando los reporteros no quedan conformes con una respuesta, entendiendo por conformidad que consideran la contestación suficiente para una buena cabeza de nota, preguntan lo mismo de otra manera, como buscando que el funcionario caiga en la trampa. Agarrar a López Obrador con los dedos detrás de la puerta, no se puede.

   Hace unos días, un reportero se refirió a lo dicho por el llamado “subcomandante Marcos” en el sentido de que no le creía al Presidente y le preguntó su opinión al respecto. El Presidente respondió que todo el mundo tenía derecho a disentir. Y punto

  Inmediatamente preguntó otro que si estaba dispuesto a dialogar con Marcos y AMLO respondió con su proverbial calma: es nuestra obligación dialogar con quien sea necesario, escuchar a todos, estemos o no estemos de acuerdo con lo que nos plantee.

  Y hubo uno más: que si iría usted (el Presidente) a buscar a Marcos y dialogar. Y el imperturbable AMLO: estamos abiertos a dialogar con todo el mundo. 

  ¿Qué esperaba el ingenuo reportero? Que el Presidente le dijera: ¿Cómo que ir a buscarlo? Como Presidente tengo muchas, muchas responsabilidades, y siendo tantos los mexicanos que desean exponer asuntos al jefe del Ejecutivo, lo práctico es que hagan su solicitud de audiencia.

  Marcos ha sido siempre un sujeto ridículo. Hace 26 años anunció que contaba con un ejército armado y saldría a vencer a las fuerzas armadas de la República. Se apareció de repente en San Cristóbal de las Casas y asesinó a dos o tres indefensos policías de pueblo. Y luego se sentó a conferenciar con el enviado del presidente Salinas. Y cuando Vicente Fox, para desdicha de los mexicanos, ocupó la Presidencia, se le permitió que viajara por carretera hasta la Ciudad de México y escucharon su perorata en el Congreso. Consecuencia, ninguna.

  En 2007, a trece años de su “levantamiento” armado, estuvo en Hermosillo a la sombra del poeta Ernesto Cardenal, y leyó un escrito sentimental, un tanto cursi, en Las Horas de Junio, evento anual de los universitarios. Para entonces había agotado su personalidad de revolucionario y se había estacionado en la de “mexican curio’s. Nadie se admiró de que estuviera aquí, nadie lo extrañó cuando se fue.

  Desde que comenzó la campaña por la Presidencia, el año pasado, manifestó que no estaría al lado de López  Obrador. Y ahora menos. Marcos es astuto Si se declara simpatizante de MORENA el Presidente podría darle un puesto donde tendría que trabajar. Y eso no es lo de Marcos, sino el rollo. Su fuerte es asustar. Ahora amenaza con que no dejará que se construya el tren del sureste. ¿Cómo lo impedirá? ¿Recitando versos? Lo que sí puede conseguir es la pensión para adulto mayor, a que tiene derecho.

  (Híjole, soy muy desatento. Vuelvo de vacaciones y en lugar de desear a los lectores feliz año, entro de lleno al tema como si no hubiera estado ausente. Corrijo mi falta de educación: ¡Feliz año 2019, lectores!).

carlosomoncada@gmail.com