Cómo dominar a los feroces macheteros sin tocarles un cabello

Cómo dominar a los feroces macheteros sin tocarles un cabello

Carlos MONCADA OCHOA Como los mexicanos vivimos en un país democrático, no sólo hay que escuchar las opiniones de todos, sino permitir, inclusive a

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Carlos MONCADA OCHOA

Como los mexicanos vivimos en un país democrático, no sólo hay que escuchar las opiniones de todos, sino permitir, inclusive ayudar, a que cada quién las lleve a la práctica. Caso, los macheteros.

Antes de entrar en materia, pero sin perder de vista el fin de este comentario, me acuerdo de que cuando comencé a reunir amigos en Face Book, apareció el tierno relato de una mujer supongo que joven (nunca llegué a conocerla) que vivía en Villa de Seris o Piedra Bola. Comenzó por confesar que la aterrorizaban los alacranes y bichos parecidos, y que cuando se disponía a bañarse (no dijo si se estaba desvistiendo o ya se encontraba gloriosamente desnuda), descubrió en un rincón del recinto un alacrán.

Se quedó paralizada de miedo un largo rato, pero reaccionó y, temblando, salió al patio (no dijo si envuelta en una toalla, o si se había vestido, o si había salido desnuda porque no había nadie en casa), de donde volvió al baño con un frasco de cristal y un palo. Logró que en éste se enredara el alacrán y con mucho cuidado lo metió al frasco, que procedió a cerrar.

Con el frasco se dirigió a un llano próximo, donde había visto un montón de piedras; muy cerca, y no enorme cuidado, quitó la tapa al frasco y lo dejó en posición adecuada para que el alacrán recobrara la libertad.

Al pie de su relato, tres o cuatro amigas la felicitaron por haber respetado la existencia de un ser vivo, en lugar de fulminarlo con certero chanclazo. Yo, que soy poco romántico, escribí: “¿Sucedió en Villa de Seris? Debe ser el alacrán que me pico cuando pasé por ahí a las coyotas”.

A cualquiera aterroriza la presencia de delincuentes armados de machetes, listos para herir y matar a quienes asaltan, de ahí que la primera reacción de la gente, cuando apareció la primera banda, fue pedir a las autoridades la eliminación de esa plaga. Pero así como aquéllas que se enternecieron al saber que el venenoso alacrán no había sido aplastado, luego surgieron personas que exigieron a la policía no disparar contra los macheteros.

Creo que se les puede conceder lo que piden si colaboran de esta manera. Que se organicen en el Batallón de Protección de los Macheteros y que den los números de sus celulares a la policía. Ésta avisará al Batallón que en tal colonia o tal barrio tiene localizado un grupo de macheteros, y pedirá a las piadosas personas que los defienden que entren al barrio, naturalmente sin armas, y con puros razonamientos los convenzan de que abandonen en el suelo los machetes y se entreguen mansamente a las autoridades.

Si los razonamientos fallan y un machetero le rebana el cuello a uno de los compasivos ciudadanos, se pondrá al Batallón el nombre del degollado y del degollador, juntos, como símbolo de tolerancia y comprensión.

Lo único que podrán llevar en sus ropas los miembros del Batallón serán frascos de cristal a fin de que metan en ellos los alacranes que les salgan al paso, pues serán sin duda descendientes de aquel que salvó en Villa de Seris la compasiva bañista (a la que no sólo maginé joven sino también guapa).

 

carlosomoncada@gmail.com.