Autoconsumo, no es autosuficiencia

Autoconsumo, no es autosuficiencia

El propósito de la autosuficiencia alimentaria trazado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no debe de entramparse en debates ideológicos que nos pudieran llevar a una polarización social en donde se perderían las metas con saldos negativos para todos y para la nación

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Por Alberto Vizcarra Ozuna

El propósito de la autosuficiencia alimentaria trazado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no debe de entramparse en debates ideológicos que nos pudieran llevar a una polarización social en donde se perderían las metas con saldos negativos para todos y para  la nación. Atender el cometido de incrementar la producción de granos básicos, como fríjol, maíz, trigo y arroz, es indudablemente una tarea estratégica dentro de los alcances planteados por la Cuarta Transformación. 

Por la respuesta del presidente a las manifestaciones nacionales de los productores rurales, parecería que confunde el término de autoconsumo con la autosuficiencia alimentaria. Los productores nacionales que se ubican en los distritos de riego y en las zonas agrícolas más mecanizadas del país, no participan en la llamada agricultura comercial por elección propia, sino por la imposición del tratado del libre comercio con los Estados Unidos y Canadá, ocurrida durante el sexenio de Salinas de Gortari a quien López Obrador moteja como el innombrable. Como resultado de esa confusión, el ejecutivo comete el error de quitarle apoyos a las regiones del país de mayor producción y productividad para entregárselo a las zonas temporaleras y de menor productividad.

La tarea en pos de la autosuficiencia alimentaria, reclama algo más que expresiones postulantes; se exige inteligencia y apego estricto a la realidad física que mantiene el país en materia alimentaria. Si algún sector de la economía nacional sufrió las consecuencias de la política económica neoliberal, es el campo mexicano. La mejor medida para estimar el hecho, es el incremento desmesurado en la importación de alimentos durante los últimos treinta años, periodo en el que triplicamos las compras de granos básicos a los mercados internacionales en trigo, maíz, fríjol y arroz para poder completar el consumo nacional, no obstante que el consumo per-cápita de los mexicanos registra una tendencia decreciente.

Retomar el empeño por la autosuficiencia alimentaria, nos obliga a hacer una distinción, que siendo tan elemental, no parece que se entienda: no es lo mismo pretender  lograr el autoconsumo que alcanzar la autosuficiencia. Reducir significativamente la dependencia alimentaria es un propósito que no puede descansar en las zonas del país conocidas como agricultura de subsistencia, regiones cuya productividad por hectárea está por debajo  de la tonelada y en algunos casos solo se alcanzan a producir doscientos o trescientos kilos por hectárea. 

Admitiendo que se lograra duplicar la producción en las regiones de subsistencia, como se lo propone el Plan Nacional de Desarrollo, ubicadas en 20 estados de la república, en un cultivo fundamental como el maíz, estas veinte entidades juntas no rebasarían el millón y medio de toneladas, pues estos estados mantienen una producción por debajo de las cien mil toneladas de este importante producto. Los imprescindibles apoyos que estas regiones requieren para que alcancen la condición de autoconsumo, no se debe confundir con la meta de la autosuficiencia alimentaria.

Así como ocurre con el cultivo del maíz es lo mismo que se presenta con el cultivo del trigo. Tan solo cuatro estado de la república tienen la capacidad de producir más del ochenta por ciento de la producción nacional de trigo. En el caso del maíz, Sinaloa produce más de cinco millones de toneladas en el ciclo otoño-invierno, lo cual representa el setenta por ciento de la producción nacional. En el trigo, Sonora, produce más del cincuenta por ciento de la producción total. 

Deberían de ser evidentes las consecuencias que implica dejar a las zonas de riego del país a la suerte de los erráticos mercados internacionales al retirarles los apoyos como actualmente lo está haciendo el gobierno federal.

  Hay que establecer una política universal de precios de garantía que proteja a todos los productores nacionales con miras a construir una gran alianza en el campo mexicanos, en donde  pequeños propietarios, ejidatarios y colonos se reconozcan en la tarea estratégica de lograr la autosuficiencia alimentaria para recuperar soberanía e independencia.