Andrés Fábregas: que no lo revuelvan con el secretario de la Defensa

Andrés Fábregas: que no lo revuelvan con el secretario de la Defensa

Carlos MONCADA OCHOA Conocí a Andrés Fábregas, uno de los intelectuales chiapanecos más respetados en el sureste, cuando era director general del I

Se disputan Cananea los partidos, Padrés y el cáncer
A pelear con partidos y candidatos, no entre nosotros, los ciudadanos
El lado sucio del caso Congreso y el lado chistoso

Carlos MONCADA OCHOA

Conocí a Andrés Fábregas, uno de los intelectuales chiapanecos más respetados en el sureste, cuando era director general del Instituto Chiapaneco de Cultura y yo lo era del de Sonora. Dos o tres veces nos reunió en la Ciudad de México el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a todos los directores de la República, y una en Pachuca, Hidalgo, y tuvimos oportunidad de cambiar impresiones sobre nuestros respectivos quehaceres.

Pero no tuve claro lo que Andrés significaba para sus coterráneos hasta una vez que fui a Tuxtla Gutiérrez y, sin previo aviso, entré a una exposición sobre las múltiples etnias de aquella región, que él había organizado. Sabio, paciente, tenaz en su defensa de los indígenas, era ya una gran figura de aquella sociedad y de la Universidad de Artes y Ciencias que había contribuido a fundar.

En reconocimiento a sus muchos años de académico y promotor cultural la Universidad acordó otorgarle un doctorado honoris causa, igual que a la doctora Mercedes Olivera y…y… ¡al secretario de la Defensa, el general Cienfuegos que ni siquiera es nacido en aquella entidad!

¿Qué vela en el entierro tiene allí el general Cienfuegos? Tendrá muchas en los miles de velorios de los que caen bajo las balas de sus soldados, o en las tumbas sin cadáver de Ayotzinapa, pero los honoris causa se dan a científicos, investigadores, artistas, maestros que a lo largo de su vida han pugnado por un México vivo y mejor.

Tanto la doctora Olivera como Andrés Fábregas rechazaron el doctorado y no alegaron más razones que la verdad. Lo hicieron porque no quieren compartir un acto con el secretario de la Defensa. Por añadidura, Andrés criticó a las autoridades universitarias por haber procedido bajo consigna de quién sabe qué interesas bastardos. “Ésta no es la Universidad que yo contribuí a forjar”, dijo.

Si imitamos, cada quién en su área de acción, la dignidad de su posición, iremos abriendo camino a nuestra comunidad y al país.

GANAS LA CANDIDATURA, ¿Y EL VOTO?’

Los columnistas políticos de casa cuentan con sabor los chismes, pleitos, traiciones y berrinches que implica luchar por una candidatura. Ellos saben quién le sonrió a quién y a quién le torcieron la cara en una fiesta y a quién le negaron sitio en un presídium.

Los que ya amarraron candidatura porque tienen pariente con influencias allá “arriba” o supieron utilizar algo chueco que le descubrieron al adversario o están prestos a hacer negocio con el que les ayuda…, todos éstos se sienten ya diputados o presidentes municipales

Pero les falta satisfacer el requisito principal: lograr los votos necesarios para que se les acredite el triunfo. ¿Con qué cara saldrán a la calle a solicitarlo si no tienen más que una y no es de fiar? ¿Servirá la influencia de tio o de papá para que lluevan las boletas en las urnas? ¿Habrá que mancharse las manos con trampas o traen ya tantas otras manchas que una más no se notaría?

 

carlosomoncada@gmail.com