AMLO y Trump: Alianza para el progreso

AMLO y Trump: Alianza para el progreso

Hay que reconocer que Andrés Manuel López Obrador, tiene expresiones apropiadas en algunos aspectos programáticos fundamentales, pero no necesariamente estructuradas conceptualmente

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Por Alberto Vizcarra Ozuna

Hay que reconocer que Andrés Manuel López Obrador, tiene expresiones apropiadas en algunos aspectos programáticos fundamentales, pero no necesariamente estructuradas conceptualmente. Tampoco se observa un equipo de trabajo compacto que le de cuerpo y alimente intelectualmente esas expresiones. Por ejemplo, en el segundo debate, durante la campaña electoral, realizado en la ciudad de Tijuana, cuya tema central remitía a los asuntos de política exterior, el ahora presidente electo, enfatizó que él convocaría al gobierno de los Estados Unidos a conformar una alianza que replicara los propósitos de la Alianza para el Progreso (ALPRO) impulsada a principios de lo años sesenta por el entonces presidente norteamericano John F. Kennedy.

Algunos de esos aspectos están contenidos en la reciente carta que López Obrador le envía a Donald Trump, en la que propone acuerdos bilaterales paralelos al TLCAN, en donde México y los Estados Unidos se comprometan con montos de inversión proporcionales al tamaño de sus economías para poner en marcha proyectos de desarrollo que generen empleos en Centroamérica y en el país. Medida fundamental para reducir el éxodo de mexicanos y centroamericanos a Norteamérica. Aún siendo un documento enunciativo, no deja de ser interesante y al mismo tiempo lamentable que buena parte del equipo que conformará el gabinete del nuevo gobierno no hacen magisterio con esta política, por el contrario, algunos ya advierten posturas opuestas que podrían devenir en un sabotaje a esta orientación política binacional.

Es evidente que con los instrumentos de la política económica vigente, que Alfonso Romo y Urzúa se niegan a cambiar, estos propósitos quedarían reducidos solo a las buenas intensiones de López Obrador. Inspirarse en la ALPRO, es un referente de magnitud importante, que tendría que ir mucho más allá de esquemas de ocupación de mano de obra intensiva, que no crean empleos duraderos sino emergentes y de poco impacto en el desarrollo y el bienestar de las naciones involucradas. Al darse a conocer en 1961 la iniciativa de la ALPRO, por el presidente Kennedy en una recepción en la Casa Blanca para embajadores latinoamericanos, se establecía el alcance de una década de dicho proyecto y un fondo inicial de 20 mil millones de dólares, dispuesto por el gobierno norteamericano, para modernizar la infraestructura en general y principalmente la del transporte de los países latinoamericanos, mejorar los niveles de vida de los habitantes del continente, incrementar el ingreso de capital, eliminar el analfabetismo, reforma agraria para mejorar la productividad agrícola y elevar las expectativas de vida de la población.

El alcance del proyecto se vio frustrado con el asesinato de Kennedy; los presidentes subsecuentes lo abandonaron y usaron parte de esos recursos para priorizar la cooperación militar con aquellos gobiernos latinoamericanos afines al estabishment. Muchos de los sufrimientos de América Latina, se asocian al fracaso de la ALPRO. Si se dimensiona la inversión inicial con que se ponía en marcha esta iniciativa, se puede calcular el impacto que hubiese tenido. Sacar la siguiente proporcionalidad puede ayudar: 20 mil millones de dólares de los años sesenta equivalían a cinco veces el valor de la deuda externa de México. Retomar algo con esa dimensionalidad, a la distancia de cincuenta años, obviamente que requerirá de montos de inversión anualizados mayores que los contemplados en el arranque de la iniciativa del presidente Kennedy. Disponer de paquetes de inversión de esa magnitud tiene que ser resultado de acuerdos directos de gobierno a gobierno, que en ejercicio pleno de sus soberanías dispongan una política de emisión de crédito por encima de los candados recesivos impuestos por la banca internacional y sus bancos centrales.

El primer paso está dado por Andrés Manuel López Obrador y la buena intensión demostrada. Evocar la Alianza para el Progreso del presidente Kennedy, obliga a que la acción binacional no sea menor, sino proporcionalmente mayor a lo trazado a principios de lo años sesenta. Algo menos que eso serán montos de inversión simbólicos, acciones asistencialistas para sobrellevar el hambre de la región que definitivamente no detendrán la inmigración, tampoco reducirán la violencia y menos acabarán con el narcotráfico.