¡Adiós Chanoc! ¡Adiós, Tzekub! ¡Adiós, Ramón Xirau!

¡Adiós Chanoc! ¡Adiós, Tzekub! ¡Adiós, Ramón Xirau!

Carlos MONCADA OCHOA Se me murieron estos tres amigos que me dieron, en diversas etapas y niveles de mi vida, múltiples alegrías. En los años sesen

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Carlos MONCADA OCHOA

Se me murieron estos tres amigos que me dieron, en diversas etapas y niveles de mi vida, múltiples alegrías. En los años sesenta cada semana compraba comestibles, acompañado de mis hijos aún en la primaria, pero provistos del don de la lectura, y al final los dejaba que escogieran cada uno una revista de monitos de Disney: el Pato Donald, Mickey Mouse o cualquier otro. Yo me adjudicaba un ejemplar de Chanoc cuyo creador, Ángel Mora, falleció hace unos días a los 92 años.

Chanoc era un joven apuesto, fortachón y noble, que vivía con modestia de la pesca y de cuando en cuando les ajustaba cuentas a los pillos que caían en el pueblo. Tzekkub Baloyán era un vejete escuálido que aseguraba que tenía 30 años, la mitad de los que representaba, y se creía galán. Era tramposo y campeón en emborracharse con cañabar. El contraste de los dos personajes le daban sabor particular a la narración.

De paso, como sin querer queriendo, la revista nos educaba a los lectores en materia de fauna marina y navegación, pues el autor prodigaba la información relativa sin aburrirnos.

No sé si el maestro Xirau, que para fortuna de México vino del antiguo Continente, y enseñó Humanidades al menos cincuenta años y escribió fina poesía, no sé si leyó aquel tipo de ingenua literatura popular. No confundo sus aciertos y los de Ángel Mora. Les doy a ambos las gracias por la alegría que sembraron.

A Xirau le rendiré homenaje, en cuanto vuelva a Hermosillo, leyendo en voz alta (y a solas) sus poesías. Admiro, y a todos los literatos que recorren el camino de la Poesía con discreción y empeño en el perfeccionamiento de su escritura. Me cansan los mediocres que a fuerza de autoelogio y de engañar bobos, se postulan poetas sin serlo. Adoptan poses, fingen que sufren. No los soporto.

 

VENEZUELA: ¡QUÉ HORROR!

El sentimiento delicado de la clase política mexicana en el poder fue afectado en lo más profundo al enterarse de los abusos del presidente Maduro contra los venezolanos que se oponen a la permanencia forzosa del mandatario.

Es de tal dimensión la indignación del grupo gobernante, que le hace olvidar la miseria que se extiende por grandes regiones de nuestro país, los abusos electorales que intentan regalar al candidato del PRI la elección de Coahuila y cerrar los ojos ante los vergonzosos episodios del Estado de México.

¿Y cómo atrevernos a pedir, a la clase gobernante, que pongan atención en la debilidad de la economía nacional, representada por el miserable 1.5 por ciento de crecimiento anual? Cualquier distracción de su afán de incidir en el destino de Venezuela haría más grave la profundidad de su sentimiento herido.

Se abstienen de atender los problemas sociales de México pero examinan con lupa el conflicto de Maduro. Bueno, algo es algo.

 

carlosomoncada@gmail.com