Acostúmbrate a hacer tus planes en silencio

Acostúmbrate a hacer tus planes en silencio

Muchas veces cuando deseamos alcanzar algo nos da cierto tipo de placer el poder compartirlo con algunas o muchas personas. Sin embargo, la mayoría de

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Muchas veces cuando deseamos alcanzar algo nos da cierto tipo de placer el poder compartirlo con algunas o muchas personas. Sin embargo, la mayoría de las personas pueden dar fe de que cuando han elaborado sus planes sin comentarlos con otras personas, se les hace más sencillo alcanzar aquello que quieren.

Evidentemente ocurre en ciertos casos que aleatoriamente conversamos con alguien en relación con nuestros proyectos y esta persona resulta de gran ayuda en el cumplimiento de la meta, bien sea por algunas palabras precisas, por poder suministrarnos algún recurso necesario, un contacto o cualquier elemento que podamos considerar como importante.

Aun cuando el deber ser sería resultar apoyados, ayudados o en el peor escenario, ignorados por quienes son oyentes de nuestros planes y proyectos, la realidad es otra en términos generales.

Si hablamos de las personas que nos aprecian, podemos resaltar que no todos pensamos de la misma manera, que todos asumimos riesgos desde el lugar desde el cual afrontamos nuestros miedos, luego al nosotros comentar nuestros proyectos, podemos estar expuestos a ser afectados por las reacciones de los demás.

Algunos nos podrán animar con un optimismo irracional, que nos puede cargar de una energía momentánea, pero que fácilmente puede convertirse en frustración por no avanzar de la forma que creímos. Otros un tanto más conservadores, por cuidarnos y querer protegernos, nos pueden hacer dudar de nuestras capacidades, de lo que podemos alcanzar, nos querrán contagiar con sus miedos y su incertidumbre, se basarán en presentarnos análisis “objetivos” de la situación y podrán desmontar cualquier ruta que sea planteada.

Está demostrado que aerodinámicamente es imposible que el abejorro pueda volar, por su tamaño, su peso y la forma de su cuerpo. Solo que él no lo sabe.

Siendo un poco más duros con la naturaleza humana, no podemos dejar pasar el punto de la envidia, que juega un papel importante en las relaciones personales. Muchas veces sin quererlo o sin reconocerlo, la envidia puede hacerse presente. Ese gusanito que genera insatisfacción porque otra persona logre algo que se puede considerar atractivo o deseado por el que sufre la envidia, ese deseo oculto de que las personas estén bien, pero no mejor que él y en el caso más grave, el deseo expreso de que los demás no logren sus metas, llegando incluso a sabotear conscientemente a quienes pretenden conseguir algo que consideran valioso.

“En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia.” ― Leonardo da Vinci

Luego, qué pretendemos cuando le contamos nuestros planes a alguien, que nos ayuden, que nos apoyen o que nos hagan desistir. ¿Es realmente necesario contar nuestros planes?

No tenemos manera de predecir cómo nos afectará el presentarle nuestros planes a los demás, pero aun cuando confiemos que lo que abunda en la mayoría de las personas es su capacidad de dar y alegrarse por el bienestar de los demás, seamos cuidadosos y a menos que sea necesario, sintamos lo agradable que resulta el mostrar el resultado final, evitando los riesgos que representa el anticiparnos con proyectos a los demás.

Una vez alcanzadas las metas quienes nos aprecian y a su vez se sienten en capacidad de alegrarse y reconocer nuestros méritos, lo harán y los que no, quizás pasen un mal momento, pero ya no tendrán posibilidades de afectarnos de manera negativa.

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet