A cien años de la muerte de Emiliano Zapata

A cien años de la muerte de Emiliano Zapata

El “simpático” Joaquín López Dóriga pretendió ser chistoso ayer al insinuar que los diputados pierden su tiempo al ocuparse en elogiar a grandes mexicanos del pasado, como Emiliano Zapata en el primer centenario de su muerte

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Carlos MONCADA OCHOA

    El “simpático” Joaquín López Dóriga pretendió ser chistoso ayer al insinuar que los diputados pierden su tiempo al ocuparse en elogiar a grandes mexicanos del pasado, como Emiliano Zapata en el primer centenario de su muerte.

  Se hace pend… ular. A esos hombres, que no son muchos, no se les recuerda en un ejercicio estéril de la memoria, sino por los ideales por los que lucharon, y deben actualizarse para beneficio efectivo de los mexicanos amolados.

  Tengo a la vista, en estos momentos, dos libros clave: la historia de Zapata, de Antonio Díaz Soto y Gama, abogado, intelectual, maestro de historia, que divulgó con emocionada oratoria los principios del caudillo del sur; y “Zapata y la Revolución Mexicana” del investigador norteamericano John Womack Jr. El epílogo de esta obra, escrito por Jesús Sotelo Inclán, describe a los habitantes de Anenecuilco, la tierra natal de Emiliano y lo titula “Un pueblo conserva su fe”. Mientras la conserve en Zapata, agrega el columnista, habrá esperanza.

   Por necesidades relacionadas con su cargo, el sonorense Francisco Vizcaíno Murray, subsecretario de Mejoramiento del Ambiente, viajó a Morelos y me invitó a acompañarlo (de esto, hace algunos añitos). Despachados los asuntos oficiales, fuimos a visitar, junto con el gobernador Felipe Rivera Crespo, la hacienda de Chinameca, donde Zapata fue asesinado Con engaños, lo hicieron entrar al gran patio de la hacienda, en cuyos techos  aparecieron de pronto centenares de soldados federales que habían estado escondidos, y cosieron a balazos al general. En los muros de adobe pudimos ver a simple vista las múltiples perforaciones de las balas.

  Qué forma más perversa y sucia de traicionar. Y el “simpático” López Dóriga halla materia de burla en el recuerdo de este episodio doloroso.

LA VIGA EN EL OJO PROPIO

  El presidente del comité estatal del PRI, licenciado Pato de Lucas, se arranca las vestiduras y gime lastimeramente porque el escándalo provocado por el alcalde de Bácum, dice, es internacional. Don Pato sufre en su delicada sensibilidad y exige al Congreso que designe a un alcalde interino de inmediato. ¿No tiene el PRI diputados en el Congreso que se ocupen del asunto?

   El alcalde Rogelio Aboyte Limón solicitó y obtuvo del Cabildo una licencia para separarse de su cargo por tres meses, que aún no han transcurrido, y agarró carretera hacia los Estados Unidos. Allí lo detuvieron y lo mandaron procesar porque para  trasponer la frontera pretendió valerse de documentación falsificada. Las fuentes oficiales informan que fue sentenciado a 15 meses de prisión.

  El Ayuntamiento de Bácum no ha recibido notificación oficial del proceso pero está enterado por los detalles que se han publicado. Funciona con normalidad pues hay alcalde interino nombrado con el procedimiento legal. Por tanto, lo lógico es que al fenecer los tres meses de licencia y Aboyte no se presente, el Ayuntamiento dé aviso al Congreso para que éste proceda a designar un presidente municipal interino o sustituto, o ratificar a quien ya está. 

  Pero es necesario antes recetarle algo al licenciado Pato Lucas para que no sufra más. Podrían hacerle plática, para aflojarle la tensión, sobre los mega fraudes que han descubierto y siguen descubriendo el presidente AMLO y sus secretarios, en Pemex, la CFE y otras empresas y organismos descentralizados en el pasado sexenio, en el que también tuvo chamba el licenciado Pato.

  Si procesan a esos grandes  ladrones, recibirán como Aboyte una sentencia de 15 meses?

carlosomoncada@gmail.com